Parménides: el ente y sus caracteres.

parmenides

Parménides nació hacia 515 a 510 a.C. en la ciudad de Elea, colonial griega al sur de Italia. Escribió un poema didáctico, en hexámetros, conocido bajo el titulo De la naturaleza. Su teoría representa la antítesis de la de Heráclito.

Parménides es el primer filósofo que procede con total rigor racional, convencido de que únicamente con los pensamientos -no con los sentidos- se puede alcanzar la verdad y que de todo lo que se aparte de aquél no puede ser sino error; sólo lo racionalmente pensado “es”, y, a la inversa, lo que es, responde rigurosamente al pensamiento: pues lo mismo es pensar y ser (según afirma el filósofo).

El pensar no puede ser sino pensar del ente: no hay posibilidad de alcanzar el ser sino mediante la razón. “La posibilidad de concebir algo (concebibilidad) (y,en consecuencia, la posibilidad de expresarlo) es criterio y prueba de la realidad de lo que es concebido (y expresado) porque solamente lo real puede concebirse (y expresarse) y lo real no puede concebirse (ni expresarse). Con lo cual Parménides llega a expresar, no sólo que penar una cosa equivale a pensarla existente, sino también que la posibilidad de una cosa prueba su existencia; porque sí sólo lo real es pensable, lo pensado resulta necesariamente real”.

Parménides comienza a colocarse frente a la alternativa más amplia que pueda uno enfrentar, ante las dos máximas posibilidades pensables: o hay algo, algo es, es decir, hay ente; o bien no hay nada:

Ahora bien, yo te diré, y tú escucha atentamente mis palabras, qué caminos de investigación son los únicos pensables: uno que es y que no puede no ser, es el sendero de la persuasión -pues acompaña la verdad-; el otro que no es y es necesario que no sea, y he de decirte que éste es un sendero impracticable.

Es evidente que no puede haber posibilidad de más alcance que la que se plantea en esta disyuntiva: la más amplia porque dentro de ella cae todo absolutamente (la filosofía se ocupa de la totalidad), inclusive la nada, que aparece en el segundo miembro de la alternativa. De manera que:

La decisión consiste en esto: o es o no es.

O lo uno o lo otro; pero sin que quepa una tercera posibilidad (principio de tercero excluido).

ahora bien, es evidente que la segunda posibilidad enunciada -que no sea nada- es un absurdo; porque decir “no hay nada” es como afirmar que “lo que hay es la nada”, que “la nada es”,o, en otras palabras, que “el no-ente es”: esto es claramente contradictorio, y por tanto debe rechazarse (principio de contradicción):

Porque el ente no lo puedes pensar -pues no es posible-, ni lo puedes expresar.

Por ende es preciso concluir afirmando decisivamente el primer miembro de la alternativa, es decir, que “es”. Pero si hay algo, si algo “es”, a ese algo se le llamara ente. Entonces el ente es necesario.

Es necesario decir y pensar que el ente es: pues le es propio ser, mientas que no le es a la nada; es lo que te ordeno considerar,

De manera que:

Sólo queda pronunciarse por el camino (de investigación) que dice que es; por éste hay indicios en gran número.

Entre estos signos, indicios o caracteres del ente, nos limitamos a señalar que el ente es único, inmutable, inmóvil, inengendrado, imperecedero, intemporal e indivisible. El ente es único, porque si no, sería múltiple, o, para suponer el caso más simple, habrían dos entes. ahora bien, si hubiesen dos entes, tendría que haber una diferencia entre ambos, puesto que si no se diferenciasen en nada, no serían dos sino uno solo. Pero lo que se diferencia del ente, es lo que no es ente, esto es, el no-ente, la nada. Mas como la nada no es nada, resulta que no puede haber diferencia alguna, y no puede haber en consecuencia sino un solo ente.

El ente es inmutable, es decir, no esta sometido al cambio, en ninguna de sus formas, “permaneciendo el mismo en el mismo estado, reposa en sí mismo”, porque cualquier tipo de cambio supondría que el ente se trasformase en algo diferente; pero como lo diferente del ente es el no-ente, y el no-ente es la nada, y la nada no es nada, el ente no puede cambiar.

El ente también es inmóvil, pues, para moverse el ente necesitaría un espacio donde desplazarse. Este espacio o lugar debiera ser diferente al ente; pero como lo diferente al ente es el no-ente, la nada, no puede haber espacio ninguno donde el ente se mueva.

De la inmutabilidad resulta también que el ente carece de origen, que es ingendrado.

En efecto, ¿Qué origen le buscarás?¿Cómo y de dónde su crecimiento? Del no-ente no te permitiré que digas ni que pienses, pues no se puede ni decir ni pensar que no es.

Es preciso sostener que el ente nunca puede dejar de ser, que el ente es imperecedero: “así como es ingenerado es tambien imperecedero”. Porque si el ente se destruyese, si dejase de ser, entonces sería no-ente, la nada; y como esto, según ya se sabe, es absurdo, es necesario eliminar la posibilidad de la desaparición del ente, tanto como la de su generación:

Inmóvil en el limite de poderosas ligaduras, es sin principio ni fin, desde que generación y destrucción han sido lanzadas bien lejos y las ha expulsado la verdadera creencia.

El ente es además intemporal. Desde que Heráclito pensaba la eternidad como infinita duración a través del tiempo, Parménides piensa la eternidad del ente como eternidad supratemporal, como constante presencia, como eterno presente, o, quizás más expresamente, como in-temporalidad.

Jamás era ni será, puesto que es ahora todo a la vez. 

El ente, es por último, indivisible.

Ni siquiera es divisible, pues es todo del mismo modo. No hay en parte alguna un algo más de ente que pueda impedir la continuidad, ni algo menos, sino que es todo lleno de ente.

En el ente, en efecto, no hay diferencias -porque lo diferente del ente, repitamos, es el no-ente-, sino que es todo y simplemente ente, de modo perfectamente “continuo”, sin “interrupciones” entre algo que fuera menos y algo que fuera más. Y si no hay diferencias, no es posible dividirlo, puesto que toda división se la hace según partes diferente.

La impugnación del mundo sensible.

Pero si el ente es uno, inmóvil, inmutable, etc.¿Qué pasa entonces con el mundo sensible, con las cosas que vemos, oímos y palpamos -qué pasa con las mesas, las flores, las montañas, el mar, con nosotros mismos, que somos muchos y no uno y que nacimos y cambiamos a cada instante y que habremos de morir? Parménides no transige con nada de ello, puesto que se ha demostrado que sólo el ente es; por tanto:

todos los que los mortales han establecido, convencidos de su verdad: generación y perecer, ser y no ser, cambio de lugar y mutación de brillante color.

Todas las cosas sensibles y sus propiedades todas no son más que ilusión, vana apariencia, nada verdaderamente real, sino fantasmas verbales en los que sólo pueden creer quienes, en lugar de marchar por el camino de la verdad, andan perdidos por el camino de la mera “opinión”

Por el cual los mortales que nada saben van errando biséfalos: ya que la incapacidad en sus pechos dirige la errante mente, y por aquí y por allá son arrastrados, sordos al par que ciegos, idiotizados, muchedumbre de insensatos, para quienes el ser y el no ser son lo mismo, y no son lo mismo, para quienes el sendero de todas las cosas es reversible.

Los hombre en general -los hombres corrientes tanto como los filósofos- apoyándose, no en el “pensar”, sino en la mera “opinión”, en lo que les “parece”, coinciden en creer en la realidad del mundo sensible, mundo de diversidad en que todo es y no es. Pero entonces carecen de saber firme, en el fondo son victimas de la más total ignorancia, y van arrastrados de un lado hacia otro, sin rumbo fijo, porque están perdidos desde el momento en que para ellos “el ser y el no ser son lo mismo / y no son lo mismo”. En efecto, “creen que lo que es puede cambiar y devenir lo que no era antes. Ser y no ser son lo mismo en cuanto que ambos se encuentran en todo hecho; y sin embargo es obvio que son opuestos y por tanto, en sentido más exacto, no son lo mismo” . A esos hombres Parménides los llama “bicéfalos” justamente porque unen  ser y no ser, que son inconciliables. Y en cuanto a la expresión “el sendero de todas las cosas es reversible”, puede bien referirse a Heráclito, que sostenía que cada cosa se convierte en su opuesta; y en general todo el paisaje puede interpretarse como crítica, no solo a los “mortales” indistintamente, sino además a Heráclito en especial.

Notas y referencias.

Principio de filosofía (Adolfo P. Carpio)

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