El saber vulgar.

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Conviene en este punto que nos detengamos a establecer algunos caracteres del saber filosófico y sus diferencias con el científico. Para ello comenzaremos por identificar algunas formas de “saber“, término del que ya hemos hablado anteriores veces.

La palabra “saber” tiene un sentido muy amplio; equivale a toda forma de conocimiento y se opone a la “ignorancia“. Pero existen diversos tipos o especies de saber, que fundamentalmente se reducen a dos: el ingenuo o vulgar, y el crítico.

En esta ocasión empezaremos hablando sobre el conocimiento vulgar o ingenuo:

El saber vulgar o ingenuo es espontaneo: se va acumulando sin que nos pongamos deliberada o conscientemente a adquirirlo; se va logrando a lo largo de la experiencia diaria. Se trata entonces del saber que proviene de nuestro contacto cotidiano y corriente con las cosas y con las personas, el que nos transmite el medio natural y el medio social. La primera característica del saber ingenuo es su espontaneidad, el hecho de que se constituya en nosotros sin que tengamos el propósito deliberado de lograrlo.

En segundo lugar se trata de un saber socialmente determinado; se lo comparte en tanto se forma parte de una comunidad dada y por el solo hecho de pertenecer a ella. Por lo mismo que es espontaneo, está dominado por la sociedad respectiva y por las pautas que en ella rigen.

El saber vulgar, pues, es subjetivo, porque no esta determinado esencialmente por lo que las causas y objetos son en sí mismos, sino por la vida emocional del sujeto. Por ello este saber difiere de un individuo a otro, de un grupo social a otro, de país a país, de época a época, sin posibilidad de acuerdo, a no ser por azar.

También nótamos otra característica: su asistematicidad. Porque el saber vulgar se va constituyendo sin más orden que el resultante del azar de la vida de cada uno o de la colectividad; se va acumulando, podría decirse, a la manera como se van acumulando los estratos geológicos, uno sobre el otro, en sucesión más o menos causal y desordenada. Y es tal desorden lo que lo hace estar lleno de contradicciones, que sin embargo no lo vulneran ni afectan como tal saber, justo porque en lo que él predomina no es la lógica, el aspecto racional, sino los factores emocionales.

Notas y referencias.

Principios de Filosofía. (Adolfo P. Carpio)

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