La ciencia, un saber con supuestos.

ciencia-2..png

La expresión “saber crítico“, entonces, abarca tanto a la ciencia como a la filosofía; ambas se mueven mediante la crítica en su “medio” natural. Más si, según ya se dijo, la amplitud y profundidad de la filosofía son máximas, habrá de decirse ahora que la función crítica alcanza en la filosofía su grado también máximo.

En efecto, si bien la actitud científica es actitud crítica, su crítica tiene siempre alcance limitado, y ello en dos sentidos. De un lado porque la ciencia es siempre ciencia particular, esto es, se ocupa tan sólo de un determinado sector de entes, de una zona del ente bien delimitada -la matemática, sólo en los entes matemáticos, no de los paquidermos; la geografía, de las montañas, ríos, etc., no de las clases sociales.

El físico, por ejemplo, asume entonces una actitud crítica frente a sus objetos de estudio – las leyes de movimiento, las propiedades de los gases, la refracción de la luz, etc.- y en este terreno no acepta nada porque sí, sino sólo sobre la base del más detenido examen, de las comprobaciones e inferencias más seguras, e incluso siempre debe estar dispuesto a revisar sus conclusiones y a desecharlas si fuera necesario. Pero por aquí aparece la segunda limitación:  dado que la ciencia se ocupa de un determinado sector de entes, y no de la totalidad, no puede preguntarlo todo, no puede cuestionarlo todo, y por tanto siempre tendrá que partir de, y apoyarse en, supuestos: la ciencia es un saber con supuestos que simplemente admite.

El término “supuesto” es un compuesto del prefijo “sub” que significa “debajo“, y del participio “puesto” de manera que “supuesto” quiere decir literalmente “lo que está puesto debajo” de algo, como constituyendo el soporte o la base sobre el cual ese algo se asienta. Y bien, el hombre de ciencia procede siempre partiendo de ciertos supuestos, creencias, afirmaciones o principios -que no discute ni investiga, que admite simplemente sin ponerlos en duda ni preguntarse por ellos, y que no pueden dejar de aceptar en tanto hombre de ciencia, porque precisamente su investigación comienza a partir de ellos, sobre la base de ellos.

La filosofía, en cambio, observara que respecto a la realidad del mundo exterior pueden plantearse dificultades muy graves. De manera semejante, toda ciencia parte del hecho de que el hombre tiene esa facultad llamada “razón”, es decir, de que el hombre, para pensar científicamente, tiene que valerse de los principios ontológicos -identidad, contradicción, etc.; y el científico emplea constantemente estos principios, pero sin examinarlos, porque tal examen es asunto propio de la filosofía.

La ciencia, por último – para referirnos al supuesto más general de todos-, parte del supuesto de que hay entes; en tanto que el filósofo comienza por preguntarse “¿Por qué hay ente, y no más bien nada?”

Conviene señalar que cuando se dice que la ciencia parte de supuestos o se constituye como saber con supuestos, no debe verse en ello, en manera alguna, un “defecto” de la ciencia; es, por el contrario, condición esencial suya y, en cierto modo, su máxima virtud, porque gracias a ella solamente puede conocer todo lo que conoce y fundamentar toda una serie de modo operativos con que actúa exitosamente sobre la realidad, las llamadas “técnicas” -como por ejemplo, las que nos permite, con sólo mover un dedo, encender o apagar la luz.

Notas y referencias.

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: