Primer momento del método Socrático: la refutación.

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La filosofía  Sócrates la ejerce con aquellos a quienes somete a examen; su filosofar es un co-filosofar. Sócrates filosofa conversando con los demás, mediante el dialogo como especial organización de preguntas y respuestas convenientemente orientadas. En esto consiste el método Socrático.

Ante todo hay que llamar la atención sobre una característica general del método, o, mejor, sobre el tono general del mismo, que es al mismo tiempo propio de la personalidad de Sócrates: la ironía. En griego ironía significa “disimulo”, o la acción de interrogar fingiendo ignorancia. En Sócrates se trata de su especial actitud frente al interrogado: disimulando hábilmente la propia superioridad, manifiesta Sócrates su falta de conocimiento acerca de tal o cual tema, y finge estar convencido del saber del otro, con objete de que le comunique ese supuesto saber; para terminar, según se verá, obligándolo intelectualmente a que reconozca su propia ignorancia. De manera que la ironía califica la actitud de Sócrates frente a la presunción del falso saber, y resulta del contraste entre el alto ideal que Sócrates tiene del conocimiento, y la orgullosa ignorancia o jactancia del interrogado.

El método propiamente dicho tiene dos momento: el primero, que es un momento negativo, se llama refutación; y el segundo, positivo, que es la mayéutica.

La refutación consiste en mostrar al interrogado, mediante una serie de hábiles preguntas, que las opiniones que cree verdaderas son, en realidad, falsas, contradictorias, incapaces de resistir el examen de la razón. Sócrates mismo no responde a estas preguntas, arguyendo que ignora las respuestas. Los interrogados, en cambio, creen ingenuamente saber lo que se les pregunta; pero el interrogatorio a que Sócrates los somete pone en evidencia que se trata de un falso saber: en el momento en que ello se hace manifiesto, Sócrates los ha refutado.

Sócrates en sus interrogatorios busca que se le señale lo que es “lo mismo o idéntico en todos los caso o instancias particulares“. Ahora bien, lo común en todos los caso particulares no es ya nada particular, sino universal:  Sócrates busca el “universal” (como se diría en la Edad Media), la esencia o naturaleza. Porque la esencia es lo que hace que una cosa sea lo que es y no otra (la esencia de la valentía es lo que hace que un acto sea valiente, y no cobarde; la esencia del triángulo es ser una figura de tres lados). La esencia, considerada en el pensamiento,o, en otros términos, la esencia en tanto se la piensa, se llama concepto. Y la pregunta por la esencia de algo se llama definición. Por ejemplo, si se pregunta: ]”¿qué es el triángulo?”, la definición será: “el triángulo es una figura de tres lados”. De manera que la definición desarrolla o explica la esencia de algo.

Resulta, por consiguiente, que Sócrates busca la definición de los conceptos (o esencias).

Habiéndose aclarado lo que Sócrates busca, el interrogado aventura u na definición. Pero Sócrates, mediante nuevas preguntas, mostrara que la definición aducida es insuficiente; y los nuevos esfuerzos del interrogado para lograr otra u otras definiciones hacen que Sócrates ponga de manifiesto que tampoco sirven, que son incompatibles entre sí, contradictorias, o que conducen a consecuencias absurdas.

Los manuales de lógica enseñan que la definición no debe ser  ni demasiado amplia (por ejemplo, “el triángulo es una figura”) ni demasiado estrecha (“el triángulo es una figura de tres lados iguales”); “de-finir” viene a ser tanto como fijar los limites de algo, establecer sus con-fines, de manera tal que lo definido quede perfectamente determinado, que no se le quite terreno ni se le dé de más, sino sólo el que le corresponde (“el triángulo es una figura de tres lados”). La función de la definición consiste en separar, en acortar con todo rigor lo que se quiere definir.

El procedimiento de refutación, entonces, consiste en llevar al absurdo la afirmación del interlocutor; mediante una serie de conclusiones legítimas se pone de relieve el error o la contradicción que ella encierra, aunque a primera vista no lo parezca. Sócrates no comienza negando la tesis propuesta, sino admitiéndola provisionalmente, pero luego, mediante hábiles preguntas lleva a su interlocutor a desarrollarla, a sacar sus consecuencias, lo arrastra de conclusión en conclusión hasta que se manifiesta la insostenibilidad del punto de partida, puesto que se desemboca en el absurdo o en la contradicción.

Notas y referencias:

Ejemplo de refutación en el Laques (diálogos) escrito por Platón que trata sobre el tema de la valentía: Laques o del valor.

Principios de filosofía. (Adolfo P. Carpio)

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