Introducción a la filosofía platónica.

platon-república.jpg

Como su maestro Sócrates, Platón esta persuadido de que el verdadero saber no puede referirse a lo que cambia, sino a algo permanente; no ha lo múltiple, sino a lo uno. Eso algo invariable y único lo había encontrado Sócrates en los conceptos: lo universal y lo uno frente a la singularidad y multiplicidad de los casos particulares. Pero Sócrates, por una parte no se preocupo por aclarar convenientemente, la naturaleza del concepto, su status ontológico; y, por otra parte, limito su examen al campo de los conceptos morales, de modo que no llego ha encarar el problema en toda su universalidad.

Platón se propondrá completar estas dos lagunas: precisar, de un lado, la índole o modo de ser de los conceptos – que llamará “ideas“-, e investigar, de otro lado, todo su dominio: no sólo los conceptos éticos, sino también los matemáticos, los metafísicos, etc.

Hay un saber que lleva importantemente este nombre, y es el que se alcanza por medio de los sentidos, el llamado conocimiento sensible; en realidad, no deberíamos llamarlo “conocimiento“, sino meramente opinión, porque es siempre vacilante, confuso, contradictorio: el remo fuera del agua nos parece recto, hundido en ella se nos muestra quebrado. Este tipo de “conocimiento” es vacilante y contradictorio porque su objeto mismo es vacilante y contradictorio, se encuentra en continuo devenir, según enseño Heráclito, a quien en este sentido sigue Platón. Si nuestro saber se edificase sobre las cosas sensibles, la consecuencia entonces sería el relativismo, consecuencia que justamente sacó Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas“.

Ahora bien, el verdadero conocimiento deberá ser una especie totalmente diferente del que proporcionan los sentidos; no vacilante y contradictorio, como el que la percepción suministra, sino constante, riguroso y permanente, como cuando, por ejemplo, se afirma que “2 más 2 es igual a 4“: porque esto no es verdad meramente ahora o en una cierta relación, sino siempre y absolutamente.

La ciencia, pues, el verdadero conocimiento, habrá de referirse a lo que realmente es (según había sostenido Perménides respecto al ente, y Sócrates respecto a los conceptos. El objeto de la ciencia, entonces, no puede ser lo sensible, siempre vacilante y cambiante, sino lo uniforme y permanente, que es lo único que puede realizar la exigencia de la ciencia. Precisamente Sócrates lo convenció de que hay conocimiento objetivo, válido para todos: el conocimiento que nos dan los conceptos, las definiciones, las esencias. Frente al cambio y a lo relativo, tras de lo cambiante y aparente, Platón busca lo inmutable y absoluto, lo verdaderamente real, única manera, a su juicio, de hacer posible la ciencia y la moral.

Notas y referencias.

Principios de Filosofía (Adolfo P. Carpio)

Para tomar nota sobre los otros filósofos mencionados:

Ontología: devenir e inmutabilidad,una introducción a Heráclito y Parménides.

Protágoras y Gorgias.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: