La idea del Bien.

 

idea del bien

Hemos dicho en el post anterior que la idea del Bien es la idea suprema, la “idea de las ideas”, Platón se refiere a ella en la República, y comienza por advertir que, justo por tratarse de la idea suprema, es muy difícil alcanzarla y hablar de ella tal como es en sí misma; por ello propone, no tratar del bien en sí mismo, sino comparándolo con el Sol.

En efecto, para ver algo no basta con el ojo y la cosa visible, sino que es preciso también la luz, que el sol otorga. De modo semejante, no basta con el “ojo” del alma y las cosas inteligibles o ideas, sino que es preciso además un principio que a las ideas las haga aptas para ser captadas, que las haga cognoscibles; esto es justamente lo que hace el Bien: es lo que otorga inteligibilidad a las ideas. Sobre esta perspectiva, el Bien es fundamento gnoseológico. Pero además el sol, con su luz y calor, les presta vida a las cosas de este mundo, y, en tal sentido, el Bien es fundamento ontológico. Y en cuanto es origen o principio del ser, el Bien está más allá del ser mismo ( de haí sin duda la dificultad para hablar de él, según enseña Platón al comienzo del pasaje). Dice entonces:

A las cosas cognoscibles (o inteligibles; se refiere a las ideas) no sólo les adviene por obra del Bien su cognoscibilidad, sino además se les añaden, por obra también de aquél, la realidad y el ser; pero el Bien mismo no es ser, sino que todavía está más allá del ser por su dignidad y poder.

La idea del Bien en una palabra constituye lo absoluto (anhypótheton).

Heidegger traduce la palabra griega agathón (Bien) por “lo que hace apto para” algo, y, en efecto, la idea del Bien es lo que hace a las demás ideas (y, por ende, a las cosas sensibles), aptas para ser y para ser conocidas o inteligidas.

Pero entonces, además del sentido ontológico y del gnoseológico, hay otro significado más en la idea del Bien. Se dice que algo es “bueno” cuando es útil “para” algo, cuando es apto “para” algo -el alimento, por ejemplo, es bueno para la salud-, y en este caso se piensa en un fin u objetivo hacia lo cual algo tiende a aspirar. Pues bien, en tanto idea suprema, el Bien es en esta perspectiva el fin último, aquello hacia lo cual todo se dirige, la meta suprema. El Bien resulta entonces fundamento teleológico.

En la medida en que la idea del Bien se manifiesta a través de toda naturaleza, se expresa la circunstancia de que todo ente tiene como una dirección, algo hacia lo que se orienta o aspira, su propio “fin” (télos¹), que, en definitiva, es el Bien.

En uno de sus últimos dialogos, en el Timeo, Platón considera el mundo sensible como una especie de obra de arte, hecha por un artista o artesano (demiurgo²) divino, artífice de lo que esta hecho tomando por modelo a las ideas, y, por tanto, ala idea del Bien, superior a todas las otras.

Notas y referencias.

1. Télos: es un fin o propósito, en un sentido bastante restringido utilizado por filósofos como Aristóteles. Es aquello en virtud de lo cual se hace algo.

2. Demiurgo: En la filosofía platónica y gnóstica, artífice o alma universal que es principio ordenador de los elementos preexistentes.

Principios fundamentales de filosofía (Adolfo P. Carpio)

Wikipedia.

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La dialéctica como arte.

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