La escala de la naturaleza según Aristóteles.

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Sabemos que para Aristóteles la realidad esta constituida por las cosas individuales y concretas y lo que las hace ser o les da realidad, es la forma, o, mejor dicho, el acto. También la relación entre forma y materia no constituye un estado de equilibrio, sino más bien de predominio de uno de los dos principios. Esto nos lleva a pensar el universo como una jerarquía de entes, que va desde aquellos que “menos son”, o en lo que predomina la materia, la potencia, hasta aquellos que son de manera más plena, o en los que se predomina la forma, el acto. Aristóteles, pues, va a disponer los entes en una serie de grados o escalones entre los extremos de la pura materia y el acto puro.

Yendo de abajo hacia arriba tendría que  comenzarse, parece, con la pura materia o materia prima, una materia sin nada de forma, pura potencia. Pero en rigor de verdad, como acto equivale a realidad, una materia o potencia que no fuese nada más que potencia, no sería nada real, no tendría existencia ninguna. La materia en sí misma no es real (actual) ni inteligible. Un trozo de madera no es materia pura, sino justamente “madera”, vale decir, materia dotada de la forma “madera”; pero una materia que fuese nada más que materia totalmente desposeída de forma, es decir, de acto o realidad, no puede ser nada existente, nada real, sino pura posibilidad.  La materia prima, pues, no puede ser nada más que un supuesto lógico de la serie gradual de los entes.

De esta manera, el primer peldaño de la realidad no puede estar constituido por la materia pura, sino ya por un cierto grado de actualidad -el menor posible, pero algo. Y aquí se encuentran los cuatro elementos sublunares- en orden de lo inferior a lo superior: tierra, agua, aire y fuego. Esto es lo menos “informado” que puede existir, es decir, aquello en que el momento “material” tiene mayor predominio, la materia existente más elemental posible, las cosas sensibles más simples. A su vez, cada uno de estos elementos está constituido por materia y forma: la materia, o con más precisión, la materia próxima (es decir, inmediatamente la inferior), no es sino la materia pura, sólo hipotética; y la forma es la característica propia de cada uno de estos elementos, lo que distingue la tierra del agua, por ejemplo, y que resulta de ciertas cualidades contrarias primarias: caliente y seco, el fuego; caliente y húmedo, el aire; frío y húmedo, el agua; frío y seco, la tierra.

El segundo grado esta constituido por las substancia homeoméricas, es decir, aquellas cuyas partes son homogéneas, como los minerales o tejidos; pues si se corta un pedazo de madera, se obtendrán dos trozos de madera. La materia próxima de los cuerpos homeoméricos son los cuatro elementos; y su forma, la proporción en que entran en cada caso -madera, hierro, etc.- esos cuatro elementos, proporción que se encuentra en cada fragmento del mineral o tejido de que se trata.

El tercer grado lo constituyen los cuerpos anomeoméricos, a saber, los órganos, como, por ejemplo, el corazón; esta claro que si se corta un corazón en dos no se obtienen dos corazones. Son entonces entidades más complejas que las del estrato anterior, y cuya materia próxima la constituyen los tejidos, y su forma la función que el órgano cumple (el ojo, por ejemplo, la visión).

En cuarto lugar tenemos las plantas, el reino vegetal. La materia próxima será la capa anterior, es decir, los órganos, y su forma la constituye la vida vegetal o vida vegetativa, o alma vegetativa que consiste en la triple función de nutrición, crecimiento y reproducción. Para Aristóteles “alma” y “vida” son equivalentes, según su parecer, el alma no es sino lo que da vida al cuerpo orgánico, la forma o acto de éste.

El quinto estadio lo constituye el reino animal. La materia próxima es la vida vegetativa. La forma la constituye el alma o vida sensitiva, cuyas funciones son la capacidad de tener percepciones, y, en consecuencia, la facultad de sentir placer y dolor, y la apetición o facultar de desear. Cada uno de los sentidos tiene su sensible (objeto) propio: la vista, los colores; el oído, los sonidos, etc. De las huellas que dejan las sensaciones  nacen las imágenes (aunque no en todos los animales), que se ligan según las conocidas leyes de asociación (semejanza, contraste y contigüidad).

Por último, el hombre constituye el sexto grado. Su materia próxima es la vida sensitiva, y su forma es el alma racional, la razón. Digamos que la razón es la capacidad de conocer las formas; éstas están en las cosas, como constituyendo su esencia; pero para nuestro conocimiento sensible lo están sólo implícitamente., en potencia de modo que es preciso extraerlas mediante un acto de abstracción, esto es, “separándolas”, en el pensamiento, de la cosa individual. El entendimiento humano tiene la potencia -en este sentido es intelecto pasivo de captar la forma- por ejemplo, la forma “caballo” que se encuentra en el caballo individual, y del que tenemos una imagen. El problema consiste en saber cómo el intelecto capta la forma. Para percibir el color no basta con la cosa coloreada y el ojo capaz de verla, sino que es preciso un tercer factor que los ponga en acto -y tal es la función de la luz, que pone en acto el color de la cosa y la visión del ojo. De modo semejante ocurre con la percepción sensible o la imagen que tenemos de un caballo (en la cual esta potencialmente contenida la forma “caballo”) y el intelecto individual con la potencia o capacidad de pensar esa esencia o forma. Para que esa mera capacidad de pensarla se realice, es necesaria la acción del intelecto activo, el cual, según Aristóteles, obra “como la luz”, esto es, “ilumina” la forma, o sea permite que el intelecto pasivo la reciba, es decir, que la piense. Este intelecto agente, superior al ser humano y que le viene a éste de fuera, no aclaró Aristóteles en que consiste concretamente, en general esta doctrina del intelecto agente es oscura; y no han faltado interpretes, como Alejandro de Afrodisia y más tarde el filósofo árabe Averroes, que lo hayan identificado con Dios.

Notas y referencias.

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

Aristóteles: El cambio y las cuatro causas.

Estructura de la substancia: Forma y materia, acto y potencia.

Las categorías de Aristóteles.

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