La razón y la fe.

 

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¿Qué clase de relación o relaciones puede haber entre la razón y la fe; entre la revelación y el conocimiento natural, entre lo sobre natural y la naturaleza; entre la religión y la teología, por una parte, y la filosofía, por otra?

Frente a este problema de las relaciones entre razón y fe, cabe pensar cinco soluciones posibles, que de hecho son a la vez otras tantas actitudes permanentes del hombre frente a la cuestión, atestiguadas históricamente: a) eliminar la razón; b) eliminar la fe; c) separar radical y antitéticamente la fe de la razón, como dos dominios por completo heterogéneos e incomunicables; d) considerar la fe como supuesto de la razón; y e) distinguirlas y armonizarlas. Nos referiremos brevemente a las cuatro primeras tesis, para ocuparnos luego con más detalle de la última, representada por Santo Tomás.

a) Lo primero que el cristiano podía hacer era rechazar la razón, declarada totalmente inadecuada para captar los contenidos de la fe; ésta representa entonces la antirrazón. La razón humana no puede penetrar en el sentido de la Revelación; y en su fondo es la razón algo demoníaco, que lo llena al hombre de soberbia, , de presunción, y no de la humildad que debe rendirse a la fe. Si la razón se opone a la Revelación, ello se debe a la debilidad de la razón. La “anti-filosofía” de Tertuliano se condensa en la famosa fórmula credo quia absurdum, “creo porque es absurdo”. Expresión que manifiesta su punto de vista. En efecto, escribió: “Fue crucificado el Hijo de Dios; no nos avergüenza, porque es vergonzoso. Murió el Hijo de Dios, es plenamente creíble, porque es insensato. Y habiendo sido sepultado, resucitó; es seguro, porque es imposible”. No debe imaginarse que esta posición sea exclusiva de los primeros tiempos cristianos; más bien es una constante, que reaparece, bajo formas distintas, por ejemplo en Lutero de quien es la expresión “prostituta razón”, en Kierkegaard: “justamente lo absurdo es el objeto de la fe y lo único en que puede tenerse fe”, quien de modo explicito se refiere a Turteliano.

b) Si aquellos autores ponian de relieve o en primer plano el misterio, este elemento desaparece por completo según la segunda posibilidad, que invierte a la primera al eliminar la fe y no dejar subsistir más que a la razón; si la Revelación se opone a la razón, no puede ser verdadera. Lo cual significaba, concretamente, rechazar el cristianismo, o, al menos, no aceptar de él sino lo que pudiera demostrarse racionalmente o interpretarse con símbolos de verdades racionales. Berengario de Tours negó la transformación del pan y del vino en la carne y la sangre de Cristo, sosteniendo que era imposible un cambio sustancial sin que a la vez cambiasen los accidentes; es decir, lo negó apoyándose en tesis filosóficas. Los deistas (J. Toland, M. Tindal, Voltaire), sostienen la posibilidad de una religión natural, es decir, fundamentada solamente en la razón. También podíamos incluir a Hegel, en la medida en que para él la religión no es más que un estadio en el desarrollo del espíritu absoluto, estadio que queda superado en la filosofía, momento conceptual o racional del espíritu.

c) La tercera posibilidad consiste en separar por completo la fe y la razón y considerar que se trata de dos zonas incomunicables entre sí y heterógeneas, hasta el punto de que algo puede ser verdadero en materia religiosa y falso para la filosofía, o viceversa; que se puede entonces ser cristiano en tanto creyente, y no serlo en tanto filósofo.

d) La cuarta posibilidad se encuentra en uno de los personajes más interesantes y apasionantes de la iglesia, en San Agustín. Para él la fe es el presupuesto de la razón, la ayuda o base firme con cuyo concurso tan sólo, y a partir de la cual únicamente, puede llegarse a alguna comprensión de las verdades últimas, si bien dentro de los límites de la finitud humana. Credo ut intelligam, “creo para comprender” dice su célebre fórmula. San Anselmo, que va a exponer el llamado “argumento ontológico”, nos dice que escribe desde el “punto de vista de alguien que se esfuerza por elevar su mente a la contemplación de Dios y que trata de entender lo que cree”, el punto de vista de la fides quaerens intellectum, “la fe en busca del entendimiento”:

…deseo entender algo de su verdad (La de Dios), en que cree mi corazón y que ama. Por tanto, no trato de entender para creer, sino que creo para entender. Pues creo que no puedo entender sin haber creído antes.

Notas y referencias.

Quinto Septimio Florente Tertuliano, más comúnmente conocido como Tertuliano (ca. 160 – ca. 220)fue un padre de la Iglesia y un prolífico escritor durante la segunda parte del siglo II y primera parte del siglo III. Debido a su trayectoria controvertida por haberse unido al movimiento montanista es, junto con Orígenes, el único padre de la Iglesia que no fue canonizado. Nació, vivió y murió en Cartago, en el actual Túnez, y ejerció una gran influencia en la Cristiandad occidental de la época.

Berengario de Tours fue un religioso y teólogo francés.

Principios fundamentales de filosofía (Adolfo P. Carpio)

Wikipedia.

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