La duda metódica.

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La actitud crítica frente al pasado no significa que Descartes haga tabla rasa de él y se dedique tan sólo al uso de sus facultades de conocimiento, que olvide toda filosofía anterior y se ponga a filosofar por cuenta propia. Por el contrario, ese pasado encierra al menos una enseñanza, implícita en sus fracasos: la de que debemos cuidarnos de no caer en el error, la de que debemos también ser críticos respecto a nosotros mismos, y no sólo del pasado. De este modo el radicalismo cartesiano se manifiesta ante todo -por lo que ahora interesa- como preocupación por evitar el error. Mas ello no le lleva a la construcción de una mera teoría del error, sino algo mucho más fundamental, mucho más hondo: a la duda metódica.

La duda metódica no significa dudar simplemente. Tampoco significa la destructiva y estéril duda del escéptico sistemático. Por el contrario, para Descartes se trata de hacer de la duda un método, convertir la duda en el método.

Descartes no se conforma con conocimientos más o menos probables, ni aun con los que “parezcan” ciertos. En efecto, para evitar los errores, o, en términos aun más generales, el radicalismo quiere alcanzar un saber absolutamente cierto, cuya verdad sea tan firme que esté más allá de toda posible duda. Descartes quiere estas absolutamente seguro de la verdad de sus conocimientos, y en plan de búsqueda radical, no puede aceptar lo dudoso.; ni siquiera puede admitir lo dubitable, sino que solo dará por valido lo absolutamente cierto.

Las Meditaciones Metafísicas se inician con estas palabras:

Hace mucho tiempo que me he dado cuenta de que, desde mi niñez, he admitido como verdaderas una porción de opiniones falsas, y que de todo lo que despues e edificado sobre tan endebles principios no puede ser sino muy dudoso e incierto; desde entonces he juzgado que era preciso seriamente acometer, una vez en mi vida, la empresa de deshacerme de todas las opiniones a que había dado crédito, y empezar de nuevo, desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las cosas.

El método cartesiano consiste entonces en emplear la duda para ver si hay algo capaz de resistirla -aun a la duda más exagerada- y que sea, entonces, absolutamente cierto. La duda, es pues, metódica, es decir, que se le emplea como instrumento o camino para llegar a la verdad, y no para quedarse en ella, a la manera de los escépticos. Es, en segundo lugar, universal, porque habría que aplicarse a todo sin excepción, porque nada deberá excluirse de ella, hasta no llegar al caso justamente de que resulte imposible la duda. Y en tercer lugar la duda es, por lo mismo, hiperbólica, si así se puede decir, porque será llevada hasta su último extremo, hasta su última exageración, forzada al máximo posible.

El carácter metódico de la duda lo expresa Descartes así:

estamos apartados del conocimiento de la verdad por numerosos prejuicios de los que creemos no podemos librarnos de otro modo que empeñándonos, una vez en la vida, en dudar de todas aquellas cosas en las que hallamos una sospecha, aun mínima, de incertidumbre.

Mas todavía, inclusive las que son meramente dudosas deben tenerse por falsas.

también será útil tener por falsas aquellas de que dudaremos, a fin de hallar tanto más claramente que sea lo más cierto y fácil de conocerse.

Es decir que deben darse por erroneas aun aquellas cosas en que pueda suponerse la más mínima posibilidad de duda por que de tal modo procederemos, según nuestro plan, de la manera más radical, apartando vigorosamente el espíritu de todo lo que puede engañarlo, para no aceptar más que absolutamente indubitable.

en cuanto a la universalidad de la duda, ello no significa que a mis opiniones vaya examinándolas una por una, pues fuera un trabajo infinito; y puesto que la ruina de los cimientos arrastra necesariamente consigo la del edificio todo, bastara que dirija primero mis ataques contra los principios sobre que descansaban todas mis opiniones antiguas.

El número de opiniones o conocimientos es prácticamente infinito, y naturalmente no se terminaría nunca si se quisiera examinarlos uno por uno. Pero se logrará igualmente el propósito de introducir la duda en ellos si se la dirige, no a los conocimientos mismos en particular, sino a los principios o fundamentos sobre que esos conocimientos se apoyan, lo que es lo mismo, a las facultades de conocimiento gracias a las cuales se los ha adquirido. Según Descartes, entonces, debe retrocederse el saber a sus fundamentos. Y puesto que las facultades de conocimiento no son sino los sentidos y la razón, la marcha del proceso de la duda queda trazada: se deberá hacer primero la crítica del saber sensible, y luego la del saber racional.

Ver también:

La filosofía de la desconfianza.

El problema del método medieval.

Introducción al Racionalismo: la nueva época y la crítica medieval.

Notas y referencias.

Meditaciones Metafísicas (Descartes)

El sistema de Descartes (O. Hamelin)

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