Crítica del conocimiento racional.

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Con respecto al conocimiento racional, Descartes sugiere también dos argumentos:

  1. El primero quizás no tiene gran valor teórico, no es quizás decisivo, pero sirve, al menos, para insinuar el segundo:

puesto que hay hombres que yerran al razonar, aun a cerca de los más simples asuntos de geometría, y comenten paralogismos [es decir, razonamientos incorrectos], juzgué que yo estaba tan expuesto al error como otro cualquiera, y rechacé como falsas todas las razones que anteriormente había tenido por demostrativas.

En la matemática, la más “racional” de las ciencias, al parecer, hay sin embrago, la posibilidad de equivocarse; aun respecto de una operación relativamente sencilla, como una suma, caber la posibilidad del error. Por tanto, cabe tambien la posibilidad, por más remota que ésta sea, de que todos los argumento racionales sean falaces, de que todo conocimiento racional sea falso.

2.  El argumento anterior, sin embargo, no es todavía suficiente, porque, aun adjudicándole validez, atañe propiamente a los “razonamientos”, vale decir, a los “procesos”, por así decir, relativamente complejos, de nuestro pensamiento; se refiere a los procesos discursivos. Pero los procesos discursivos se apoyan en ciertos principios, como por ejemplo, que “todo objeto es idéntico así mismo”, o “el todo es mayor que la parte”. Ahora bien, estos “principios” mismos del conocimiento racional, no son conocidos de manera discursiva, sino “intuitivamente”, es decir, sin que nuestro pensamiento “discurra”, sino de modo inmediato, por simple “inspección del espíritu”. Siendo esto así, ¿podrá dudarse también de estos principios? Es evidente que el argumento anterior no puede aplicarse a este caso. Por lo cual Descartes propone un segundo argumento, el famoso argumento del “genio maligno”.

supondré […] que cierto genio o espíritu maligno, no menos astuto y burlador que poderoso, ha puesto su industria toda en engañarme.

Imaginarse que exista una especie de genio muy poderoso a la vez que muy perverso, que nos haya hecho de forma tal que siempre nos equivoquemos; que haya construido el espíritu humano de tal manera que siempre, por más seguros que estemos de dar en la verdad, caigamos sin embargo en el error.

Descartes no dice, como es natural, que haya efectivamente tal genio maligno. Pero lo que importa notar es que por ahora no tenemos ninguna razón para suponer que no lo haya; es, por consiguiente, una posibilidad, por mas remota o descabellada que perezca ser. Y puesto que la duda, según nuestro plan, debe llevársela hasta su límite mismo, si lo tiene, si incluso hay que forzarla, si en verdad se quiere llegar a un conocimiento absolutamente indubitable, resulta entonces que la hipótesis del genio maligno debe ser tomada en cuenta, justamente porque representa el punto máximo de la duda, el último extremo al que la duda puede llegar.

Sucede entonces que también el saber racional se vuelve dudoso. Con esto vemos con claridad como Descartes lleva la reflexión crítica a una hondura mayor que aquella a la que había llegado Sócrates, por ejemplo, para quien, en el fondo, la racionalidad no era un problema. Para Descartes la razón misma se hace problema, y una de sus razones será tratar de fundamentar la razón, el saber racional.

Llegados a este punto, nuestro espíritu se encuentra tan cargado de dudas, tan perplejo, que en realidad parece que ya no puede hacer ni pensar nada más. Y el mismo Descartes lo dice:

como si de pronto hubiese caído en unas aguas profundisimas, quedándome tan sorprendido, que no puedo afirmar los pies en el fondo, ni nadar para mantenerme sobre la superficie.

Es el mismo estado de animo con que nos encontrábamos al cabo del proceso de la refutación socrática y en el momento de la liberación del preso de la caverna platónica. Descarte lo compara con la situación del que ha caído en aguas profundas y queda tan alejado de la superficie como del fondo: donde la superficie puede  simbolizar el dominio del saber vulgar, la existencia cotidiana, y el fondo el fundamento absolutamente firme que busca y hacia el cual se encamina el filósofo. Por ello la situación de este es singularmente incomoda, comparada con la existencia vulgar.

Notas y referencias.

Meditaciones Metafísicas (Descartes)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

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6 comentarios sobre “Crítica del conocimiento racional.

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      1. Estoy de acuerdo en lo que mencionas, por ello Descartes nos ofrece el método que él se propuso emplear para mejorar gradualmente su conocimiento y alcanzar verdades “más evidentes” por así decir. Un gran saludo. Es de gran interés tu reflexión.

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      2. Sin mencionar que a veces se razonar bien, pero creemos que para eso, debemos estar bien fundamentados, (tener pruebas) y si no las hay, caemos en la duda. Aunque estemos en lo correcto.

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