El racionalismo.

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Ahora vamos a tratar algunos de los principales caracteres del racionalismo y los supuestos sobre los que reposa. La polémica entre racionalismo y empirismo tiene enorme importancia en nuestra cultura pues imprime un sello característico en la historia europea de los siglos XVII y XVIII.

Según el racionalismo el verdadero conocimiento es el conocimiento necesario y universal, el que se logra con la ayuda exclusiva de la razón, sin recurso ninguno de la experiencia y los sentidos. Uno de los reproches que tanto Descartes como Spinoza dirigen a la filosofía anterior, se funda en que ésta no supo atenerse a la pura razón y frecuentemente mezclo nociones puramente racionales con otras que tienen su origen en la imaginación -primera fuente de confusión para el pensamiento, y, por tanto, primera fuente de error. Aquello en que debe fijarse la atención, de modo exclusivo, no son las figuras ni las imágenes que pasan por nuestra mente, sino solamente los conceptos (las ideas innatas), tal como ocurre en las matemáticas, que son siempre para el racionalismo el modelo e ideal de todo conocimiento.

Spinoza, el gran continuador de Descartes, puso a su obra fundamental el titulo Ético demostrada a la manera geométrica (1677); este libro, que en rigor es un tratado de metafísica, está escrito tal como los libro de geometría: parte de ciertas definiciones, luego enuncia algunos axiomas, más tarde establece algunos teoremas sencillos que se demuestran en función de las definiciones y axiomas, después desarrolla teoremas más complicados, con sus corolarios, hasta darnos una visión completa de la realidad, todo ello siguiendo el mismo procedimiento.

La matemática procede valiéndose de sólo conceptos; no se puede, por ejemplo, “imaginar” un punto geométrico, puesto que, según su definición, si bien es algo que ocupa una posición en el espacio, carece de magnitud, y esto es algo de lo que no podemos hacernos una imagen, ninguna “figura” mental (pero que si se puede muy bien “pensarse”). Si se comprende el significado de los conceptos de triángulo, linea recta, etc., por ejemplo, nos vemos forzados intelectualmente a aceptar las conclusiones que de ello se desprenden, cualesquiera sean las figuras -necesariamente imperfectas- que se dibujen en la pizarra o las imágenes -igualmente inadecuadas- con que se acompañe nuestro pensamiento, que puede ser variadísimas, sin que ello afecte en modo alguno al conocimiento geométrico.

Idea clara y distinta es justamente aquella idea cuyo significado se lo concibe en función de ella misma, de su definición, de su esencia, y no de la imagen o imágenes particulares que la puedan acompañar. El triángulo del que se ocupa la geometría es “una figura de tres lados” (independientemente de las dimensiones y demás características que tengan las figuras concretas que , sólo para la ilustración o ayuda, puedan dibujarse.

De la misma manera como el concepto de triángulo esta lógicamente ligado a la idea de figura de tres lados, del mismo modo, según el racionalismo, el concepto de Dios, por ejemplo, esta lógicamente conectado con la idea de omnipotencia (o, en el caso del argumento ontológico, con la idea de existencia). Se tendrá entonces una idea clara y distinta de Dios, por ejemplo, en la medida en que no se recurre a ninguna imagen (como podría ser, quizás, la que sugiere un cuadro en el que se representa a Dios como un noble anciano que desde lo alto rige la marcha del universo); sino en tanto nos detengamos rigurosamente a lo que su concepto (idea) encierra: por ejemplo, omnipotencia, omnisciencia, bondad suma, etc., y todo lo cual se reconoce cuando el conocimiento es evidente.

De este modo Spinoza puede definir a Dios diciendo : “Por Dios entiendo un ente absolutamente infinito, es decir, una substancia constituida por infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita“, definición en la cual todo elemento imaginativo, cualquier concepción vulgar o antropomórfica, están radicalmente eliminados.

Pues bien, el racionalismo esta persuadido de que, así como en las matemáticas, partiendo de puros conceptos se llega a los conocimiento más complicados, y ello de modo universal y necesario, de la misma manera en filosofía se podría conocer toda realidad, deducirla, aun en sus aspectos más secretos y profundo, en su esencia, y de manera necesaria y universal, con sólo tomar la precaución de emplear el mismo método que emplean las matemáticas, es decir, partir de axiomas y puros conceptos, rigurosamente definidos, sin ningún recurso de la experiencia, e inferir a partir de aquellos conceptos lo que de ellos se desprende lógicamente.

 

Notas y referencias.

Discurso del método (Descartes)

Meditaciones metafísicas (Descartes)

Realas para la dirección del espíritu (Descartes)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

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