Origen de la idea de causalidad.

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Hume imagina un experimento para rastrear el origen de la idea conexión necesaria, es decir, la causalidad.

Supongamos que una persona dotada de las más poderosas  facultades de razón y reflexión aparece repentinamente en nuestro mundo. Esto es, se parte de la hipótesis de que de pronto apareciese una persona súper dotada y desarrollada sin haber pasado por las experiencias de la niñez, la juventud, etc., pero con su inteligencia y sentidos maduros. Entonces ¿qué conocería del mundo que le ofrecen los sentidos y que por primera vez observa?

en verdad, lo que vería sería una continua sucesión de objetos, y un suceso siguiendo a otro, pero no podría descubrir nada más. Al principio, no sería capaz, mediante ningún razonamiento, de llegar a la idea de causa y efecto.

El personaje del ejemplo, no vería en el mundo nada más que meras sucesiones de hechos (no relaciones causales).

ahora bien, transcurrido cierto tiempo, la actitud de nuestro hombre habrá de cambiar. En efecto, supongamos:

que esta persona ha adquirido más experiencia y que ha vivido tanto tiempo en el mundo que ha observado que los objetos o suceso familiares están constantemente ayuntados.

La experiencia, las repetidas observaciones, le han permitido notar que los dos hechos del ejemplo, el movimiento de una bola de billar y el de la otra, han estado siempre acompañados o ayuntados (conjoined); que constantemente un hecho ha seguido a otro; en un caso, en dos, en cien, en todos los casos que han caído bajo sus observación. Como consecuencia de toda esta experiencia, después de haber visto muchas veces que cuando una bola de billar golpea a otra la segunda se movía, ocurre algo nuevo en su espíritu: que ahora si, una vez más, ve una bola de billar en movimiento  dirigirse hacia otra, concluirá, antes de lo que va a suceder, que la segunda bola también se va a mover:

inmediatamente infiere la existencia de un objeto [el movimiento de la segunda bola] por la aparición del otro [el movimiento de la primera]. Y, sin embargo, con toda su experiencia, no ha adquirido ninguna idea o conocimiento de la fuerza oculta por medio de la cual el primer objeto produce al otro; y tampoco es un proceso de razonamiento el que lo indice a sacar tal diferencia.

Nuestro hombre ha observado multitud de caso en los que una bola golpea a la otra y la segunda se mueve, y Hume se pregunta si esa persona , después de haber visto tal número de casos, ve, en rigor, algo más que lo que ha visto en la primera ocasión. La primera vez, cuando apareció de repente en el mundo, no vio más que sucesiones; ahora, después de la observación de muchos casos ¿ve acaso algo más? Es evidente que no, que no hay ninguna nueva impresión. Ni tampoco hay nada con que la razón pueda haber contribuido. Y sin embargo, el personaje hace algo que antes no había podido hacer: con solo ver el primer movimiento, infiere el segundo ¿qué ha ocurrido entonces para que pueda realizar tal inferencia? Puesto que hay que excluir la razón y la experiencia ¿qué nuevo factor o facultad ha entrado en jugo?

Pues bien, el principio que ha entrado en inferencia no es más, según Hume, sino lo que se llama hábito o costumbre.

este principio, [el que explica la inferencia] es la costumbre o hábito. Porque siempre que la repetición de un acto u operación particular produce una propensión a renovar el mismo acto u operación, sin ser impelido por ningún razonamiento o proceso del entendimiento, decimos que esta propensión es el efecto de la costumbre.

El genio de Hume reside en su extraordinaria capacidad para analizar lo más sencillo, lo más obvio y que justo por serlo es lo que menos observamos. La costumbre, el hábito, tienen la fuerza tal sobre nosotros, que nos resulta muy difícil regresar a los datos sensibles tal como estos se presentan y Hume nos pide, libres de todo lo que no sean las puras impresiones. Pero si se hace el esfuerzo y se logra, se vera que Hume esta en lo cierto.

En resumen, esa noción de fuerza o conexión necesaria, que constituye el núcleo de la idea de causalidad, no nos la proporciona la razón ni hay tampoco impresión ninguna en ella. No es nada más que el resultado del hábito: como constantemente , cada vez que acerco la mano al fuego, se siente calor, termina por inferir que hay una conexión forzosa entre el fuego y el calor.

parece pues, que esta idea de conexión necesaria  entre los suceso surge de casos similares en que ocurre la ayuntación constante de estos sucesos, ya que ninguno de estos casos [por sí solo] puede sugerirnos esa idea, aunque fueran examinados por todos sus costados y desde todos los ángulos. Pero en un número de casaos que se suponen similares, no hay ninguna diferencia con cada uno de los casos aislados, salvo que después de una repetición de casos similares el hábito conduce al espíritu,  al aparecer un suceso, a esperar su acompañante usual y a creer que existirá. Por tanto, esta conexión que sentimos en el espíritu, esta acostumbrada transición de la imaginación de un objeto a su acompañante usual, es el sentimiento o impresión a partir de la cual formamos la idea de fuerza o conexión necesaria. Eso es todo.

Por fin vemos ahora cual es la impresión de la que proviene la idea de conexión necesaria: es la impresión o el sentimiento, que el espíritu experimenta, del transito usual de una idea a otra asociada con ella. También se comprende que esta idea de la causalidad no es, tomada en rigor, teóricamente validad, que no nos da conocimiento de las cosas mismas: porque no tiene el mismo sentido que posee la impresión. En efecto, la impresión se refiere a la forzosidad del hábito, de manera que es el sentimiento de una necesidad subjetiva, si así puede decirse; en cambio, la idea de conexión necesaria está referida a las cosas mismas.

La crítica de Hume, entonces, viene a suprimir el valor teórico de la noción de causalidad. Que pueda tener alcance objetivo, no es más que creencia nuestra, sin duda útil, de gran importancia práctica, según hemos dicho, porque sin ella la vida humana no sería posible; pero una “creencia”, por muy solida que parezca, no es más que una convicción subjetiva, carente en principio, hasta donde sepamos, de fundamento en la realidad, y por tanto, encarando la cuestión con rigor y desde un punto de vista puramente teórico, la idea de causalidad es una idea invalida. Y si bien dentro del campo de la experiencia constituye una guía útil, y aun indispensable, resultara totalmente engañosa si pretende empleársela en la metafísica: porque en este territorio no es posible comprobar sucesiones constantes, y por tanto su empleo sera enteramente arbitrario y caprichoso.

Con esto, de acuerdo con la crítica de Hume, se viene abajo uno de los pilares capitales de la metafísica racionalista, que había otorgado un lugar de privilegio a la causalidad, llegando Spinoza a identificarla con la razón misma -“causa” o “razón”- y fundando en ella Descartes su primera prueba de la existencia de Dios.

Notas y referencias.

Se recomienda leer antes:Crítica a la idea de causalidad. Conocimiento demostrativo y conocimiento fáctico. Impresiones e ideas. , El empirismo y Hume. y El principio fundamental del empirismo

Existencia y veracidad de Dios según Descartes.

Treatise of human nature (Hume)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

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