Positivismo y empirismo en la filosofía actual.

 

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Cuando San Agustín emprendía el análisis del tiempo observaba, respecto de éste, que “si nadie me lo pregunta, yo lo sé para entenderlo, pero si quiero explicarlo a quien me lo pregunte, no lo sé para explicarlo”. Y bien podemos preguntarnos si no es ésta una característica de la mayor parte de las cuestiones metafísicas, sino de todas.

En el campo de la ciencias, en cambio, parece que las cosas se presentan de manera muy diferente. Aquí no se le ocurriría a nadie ocuparse de algo que se sabe cuando no se pregunta por ello, y que cuando se lo pregunta no se lo sabe. En la ciencia hay respuestas seguras y aceptadas, y, en principio al menos, hay respuestas para toda pregunta que se haga, por que se sabe bien qué es aquello por lo que se pregunta. Entonces, en resumen, ¿no sería conveniente abandonar la filosofía y limitarse al saber que proporcionan las ciencias?

Hay filósofos que piensan que la empresa de la filosofía, y sobre todo la de la metafísica, es empresa inútil, y que es preciso dejarla definitivamente de lado para consagrar el esfuerzo del entendimiento humano a las ciencia, únicas capaces de proporcionar un saber efectivamente válido. Estos filósofos son los positivistas.

Sin entrar en detalles -pues se trata de corrientes y pensadores aveces muy heterogéneos- y de manera exclusivamente terminológica, convendremos en llamar “empirismo actual” a todo vasto conjunto de filósofos que tienen como característica común, dentro de la diversidad de sus puntos de vista, su interés por el tema del lenguaje. De modo que no es aventurado catalogar todo este movimiento diciendo que se trata, en esencia, de un filosofía del lenguaje, y, más concretamente que su método es el análisis; el análisis del lenguaje se convierte así en la función esencial, o aun la única, de la filosofía. Ahora bien, hay a su vez dos enfoques principales de este tema y de este método, que permite trazar una distinción entre el empirismo lógico, de una parte, y la filosofía propiamente analítica, o lingüística, por la otra.

El empirismo lógico surgió hacia la tercera década del presente siglo como consecuencia de la aparición del Tratado lógico-filosófico (1921) de Ludwing Wittgenstein. Tres años un grupo de filósofos dirigidos por Moritz Schlick (1882-1936), dispuestos a estudiar y comentar aquella obra, nació el llamado “circulo de Viena”, por reunirse en esta ciudad, circulo que constituye el comienzo del empirismo lógico, también llamado positivismo lógico.

El movimiento puede caracterizarse de la siguiente manera: a) En su análisis del lenguaje, estos filósofos tienden a postergar el lenguaje corriente u ordinario (es decir, lenguajes como el español, el ingles, el italiano, etc.) en beneficio de los lenguajes artificiales, vale decir, los de las ciencias formalizadas (como las matemáticas, la lógica matemática, etc); con otras palabras, ven en los lenguajes formalizados el modelo al que intentan aproximarse, de modo que, en última instancia, se trataría de reconstruir las formulaciones del lenguaje ordinario en un lenguaje artificial exacto; b) conceden gran importancia a la moderna lógica matemática. Si el análisis de Hume era psicológico, para estos filósofos se trata de un análisis tónico del lenguaje, donde la lógica matemática se utiliza constantemente. De ahí el adjetivo “lógico” que se agrega a “empirismo” o “positivismo” para caracterizar esta escuela, c) Rechazan decididamente la metafísica (de ahí que se les llame “positivistas”). La filosofía no puede decir nada de la realidad, porque esta tarea compete sólo a las ciencias; la tarea de aquélla, entonces, no puede consistir en otra cosa sino en el análisis del lenguaje, principalmente del lenguaje científico. Pero como las ciencias (excluyendo matemáticas y lógica) se refieren a la experiencia, el único conocimiento legítimo es el empírico; d) Por último estos filósofos sostienen la teoría de la verificación como sentido de las proposiciones o palabras.

La filosofía analítica está representada por filósofos como Geoge Edward Moore (1873-1958), Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas, Jhon Wisdom. Estos filósofos no dan excesiva importancia a los lenguajes formalizados, sino que consideran que estos suelen simplificar las cosas de tal manera que se elimina gran parte  de la riqueza y pluralidad de matices propios del lenguaje ordinario: sostienen pues, en general, que los empiristas lógicos se hacen una idea excesivamente simplificada del lenguaje y sus funciones. Sus análisis, por lo tanto, se distinguen sobre todo al lenguaje ordinario, del cual se valen, aunque tratando de darle mayor precisión . Si bien son básicamente empiristas, terminan por reconocer la posibilidad de la metafísica. Les interesa principalmente -no el problema de la verificación, sino- la noción de “uso” de una palabra o una sentencia.

Notas y referencias.

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

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