El lenguaje.

 

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El lenguaje puede definirse como un sistema de signos. Signo es todo aquello que representa o esta en lugar de algo -de tal manera que el signo siempre refiere a otra cosa, a lo que el signo significa; cuando se dice “el árbol está seco”, no se pone la atención sobre el signo “árbol” (la palabra), sino sobre el objeto a que se refiere, la cosa “árbol”. Los signos pueden ser naturales, cuando la referencia a los objetos no ha sido establecida por el hombre -como ocurre con el humo respecto del fuego-, o bien, artificiales, creados por el hombre, como la flecha indicadora de la dirección del transito, o bien una palabra o frase. Resulta claro que el lenguaje más importante es el que esta constituido por palabras, y a él referimos exclusivamente en lo que sigue.

En el signo se diferencian tres dimensiones o aspectos: mantiene relaciones con otros signos, con los objetos y con los sujetos que lo emplean. Por ello se distinguen tres disciplinas dentro de la semiótica o ciencia general de los signos (sintaxis, semántica y pragmática).

La sintaxis se ocupa de la relaciones de los signos entre sí; por ejemplo, la gramática enseña que los adjetivos deben concordar en género y número con los sustantivos que lo acompañen, y la aritmética enseña que el primer número de derecha a izquierda señala las unidades, el segundo las decenas, etc.

La semántica estudia la relación de los signos con los objetos a que se refieren -un problema de este tipo lo plantean las palabras ambiguas, como “vela”, que se refiere a cosas tan diversas como la bujía, la parte del barco y el estado de vigilia.  LA teoría empirista de la verificación se refiere a una cuestión semántica.

La pragmática se ocupa de las relaciones entre los signos y quienes los emplean; por ejemplo, para determinar sus usos.

En efecto, el lenguaje tiene varias funciones fundamentales, a) En primer lugar, la función informativa, que consiste en transmitir conocimientos, como cuando se dice “Venus es un planeta”, b) La función expresiva consiste en transmitir estados de ánimo, sentimientos. La poesía, especialmente la lírica, representa esta función, pero también el simple “¡oh!” cotidiano. c) La función imperativa (también llamada “directiva“) consiste en transmitir ordenes, por ejemplo: ¡Vete! d) La función ceremonial tiene por finalidad facilitar el trato con los demás, al encontrarnos con alguien, al separarnos, etc. Así decimos “¡Buenos días!”, sin que propiamente se piense en desear que pase bien el día aquél a quien nos dirigimos. e) Cabe hablar, por último, de un uso mágico del lenguaje, que consiste en atribuir poder sobre natural a las palabras, como en las oraciones religiosas, o en el conocido “abracadabra”.

Notas y referencias.

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

 

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