La revolución copernicana de Kant.

El problema de la esencia del conocimiento consiste en determinar si en efecto el sujeto es meramente receptivo en el acto de conocer, como pretende el realismo, o si, por el contrario, no es un espejo y el conocimiento se convierte así en una especie de acción, de praxis. Esta última es la justamente la opinión de Kant, quien sostiene que conocer no es, en su fundamento, reflejar los objetos, sino que es ante todo trazar el horizonte dentro del cual los objetos son objetos, vale decir, construir el ámbito de la objetividad.

Para los griegos, en general para toda la teoría prekantiana y para todo el realismo, el conocimiento era pura teoría, contemplación. Aristóteles consideraba la vida teorética o contemplativa como la forma de vida más alta. Pero con Kant, repetimos, el conocimiento, en su último fundamento ya no es teoría, sino una cierta operación transformadora que el sujeto cumple: conocer quiere decir elaborar el objeto. Y los discípulos de Kante -Hegel entre otros- van a terminar sosteniendo que conocer significa directamente crear el objeto de conocimiento, más aun, la realidad.

En esta perspectiva conviene señalas que Kant es el antecedente de Hegel, y que sin Hegel no hubiera habido Marx; así decimos que su pensamiento sólo puede entenderse en sus fundamentos si nos remontamos a Kant. Marx define al hombre, no como animal teorético, sino en función del trabajo; y ello depende, a la postre, de la manera cómo Kant enfoca el conocimiento: como elaboración, es decir, “fabricación”, del objeto.

Volviendo a Kant, decíamos que el sujeto cognoscente podría compararse con un individuo que naciese con lente coloreadas. Para que esta persona pueda ver -es decir, conocer- se necesitan dos elementos: de un lado, los anteojos, y del otro, las cosas visibles; si falta cualquiera de las dos, el conocimiento se hace imposible. Esto significa que el conocimiento envuelve dos factores: 1) la estructura de nuestra “razón”, que es independiente de la experiencia; pero la razón puede funcionar en este especial tipo de conocimiento que consiste en “modelar” los objetos, requiere 2) un “material” modelable, las impresiones. Así se lee en la Critica a la razón pura:

ni conceptos sin intuición que de alguna manera les corresponda, ni intuición sin conceptos, pueden dar un conocimiento, porque pensamientos sin contenido son vacíos, intuiciones sin conceptos son ciegas.

La “razón” está constituida, por un lado, por el espacio y el tiempo, que Kant llama formas puras de la sensibilidad o intuiciones puras; y del otro, por las categorías, o conceptos puros del entendimiento, tales como substancia, causalidad, unidad, pluralidad, etc. Resulta entonces que el espacio, el tiempo y las categorías no son independientes del sujeto, no son cosas ni propiedades de las cosas en sí mismas, sino “instrumentos” o “moldes” mediante los cuales el sujeto elabora el mundo de los objetos; y el “material” a que se aplican esos moldes son las impresiones o sensaciones.

Kant expresa la relación entre la estructura a priori del sujeto, conformadora y elaborante de los objetos de conocimiento, por una parte, y por la otra las impresiones, con el par de conceptos “forma” y “materia”: espacio, tiempo y categorías son forma, las impresiones constituyen su materia o contenido. Si se intentase conocer solamente valiéndose de la “razón”, es decir, de las formas a priori del sujeto, son se tendría sino formas enteramente vacías, y por tanto no se conocería ningún objeto, nada absolutamente. Es preciso pues, que estas formas o moldes tengan un material al cual aplicarse. Pero ocurre que ese material no puede provenir sino únicamente de la experiencia, de las sensaciones, y Kant dirá entonces que no es posible ningún conocimiento si no es dentro de las fronteras de la experiencia. En este sentido se aproxima al empirismo, y declara la imposibilidad del conocimiento metafísico, entendido como conocimiento de las cosas en sí, porque para que este fuese posible tendrían que sernos dados los objetos metafísicos (Dios, el alma, etc.), cosa que evidentemente no ocurre. Lo único que nos es dado son las impresiones,. y solamente sobre las bases de éstas podrá elaborarse el conocimiento.

Pero a la vez Kant enseña, contra la tesis empirista, que con puras impresiones tampoco puede haber conocimiento; porque las puras impresiones, sin ninguna forma, no serían sino un caos, un material en bruto, o como Kant dice, una “rapsodia” de sensaciones, sin orden ni concierto. Para que haya conocimiento es preciso que esas impresiones estén de alguna manera ordenadas, jerarquizadas, conformadas, “racionalizadas”; y ese orden o racionalización no proviene de las sensaciones mismas, sino que lo introduce en ellas el sujeto cognoscente.

Kant concibe, pues, la relación de conocimiento a la inversa de como hasta entonces se había pensado, porque mientras que el realismo sostenía que el sujeto se limita a copiar las cosas (res), que ya estarían listas, constituidas y organizadas independientemente de él, para Kant la actividad del conocimiento consiste, en su fundamento, en constituir, en construir los objetos (y sólo después, en un momento ulterior y secundario, será posible comprender el conocimiento como coincidencia entre las representaciones que tiene el sujeto, y las cosas que antes había constituido). De manera que para Kant lo determinante en el acto de conocer no es tanto el objeto, cuanto más bien el sujeto. Esta teoría se denomina “idealismo“.

En este sentido se puede decir que Kant introduce una “revolución copernicana” en el campo de los estudios filosóficos. Kant enfoca la cuestión de conocimiento al revés de como se enfocaba en ese momento:

Hasta ahora se admitía que todo nuestro conocimiento tenía que regirse por los objetos. […] Ensáyese pues una vez si no adelantaremos más en los problemas de la metafísica, admitiendo que los objetos tienen que regirse por nuestro conocimiento.

Pero que los objetos se rijan por nuestro conocimiento, no significa que estos se conviertan en algo subjetivo, en puras representaciones. Según interpreta Heidegger, para poder tener acceso a los entes, a los objetos, es preciso tener previamente cierta comprensión de la constitución-de-ser (de la “esencia”) del ente; tengo que saber que todo cambio tiene una causa -lo cual no lo sé por la experiencia-, y, en general, todo lo que establecen los Principios del entendimiento puro. Si el conocimiento de las cosas lo llamamos “conocimiento óntico” y el del ser (o esencia) de las mismas “conocimiento ontológico”, se podrá decir que la revolución copernicana significa que “el conocimiento del ente tiene que estar ya previamente orientado por el conocimiento ontológico”.

Sin duda mi conocimiento de esta silla, por ejemplo, se adecua al ente “silla”; pero para ello se requiere “un conocimiento a priori sobre el cual se asienta toda intuición empírica”.

kantt

Notas y referencias.

Crítica a la razón pura (Kant)

Historia de la filosofía moderna (W. Windelband)

Immanuel Kant (O. Hóffe)

Kant. vida y doctrina (E. Cassirer)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

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