Significado de la palabra “objeto”.

El vocablo “objeto” (latín obiectum) está compuesto de “ob” -“frente a” “delante de”- y “iectum” -“puesto” “lanzado” “colocado”. El prefijo “ob”, entonces, parece a ludir a la circunstancia de que, cuando hay conocimiento, se da algo con que nos encontramos, algo que viene a nuestro encuentro, que nos enfrenta o se nos o-pone. Y Kant sostiene que para conocer siempre tiene que haber algo que nos sea dado, algo que, de alguna manera, nos venga al encuentro -las sensaciones o impresiones (como colores, sonidos, etc.).

Sin embargo hemos dicho que con este solo factor no basta para que haya conocimiento, para que haya objeto en el sentido propio de la palabra. Este fue el error de Hume, de creer que con puras impresiones, y nada más que con ellas, puede explicarse el conocimiento. Porque una mera sensación, un puro olor, una pura dureza, nada de eso es por sí solo un objeto. Observemos esta mesa, y quitémosle imaginariamente todo lo que en ella no sea pura sensación: eliminemos el concepto de mesa, de útil, de cosa, de algo, etc., y quedémonos con las solas sensaciones. ¿Qué pasa entonces? Que el objeto, la mesa, se ha evaporado, y no nos queda más que un puro color o confusión de colores, de los que no puede decirse propiamente que tengamos siquiera conocimiento.

Hay probablemente algunos momentos en que el hombre vive estados puramente sensoriales. Quizá esto ocurre en las primeras semanas de la vida de un niño: tendrá entonces meras sensaciones -impresiones térmicas, cromáticas, auditivas, etc.- pero en estado puro, sin que tengan todavía un significado, sin que lleguen a ser todavía objetos que él conozca; esto ocurrirá tan sólo en una etapa posterior de su desarrollo. O bien, piénsese en alguien que se recobra del desmayo: en un primer momento no hay en él más que sensaciones -digamos: un puro blanco, que ni siquiera es el blanco de una pared o de una sábana, ni siquiera el blanco de una superficie cualquiera, sino sólo blanco- sensaciones donde el sujeto se encuentra enteramente perdido, hundido; más todavía, podría afirmarse que ni siquiera hay sujeto, sino nada más que un puro caos de sensaciones. Pero a medida que el sujeto se va recuperando del desmayo, decimos que se va “recobrando”, rescatándose de ese torbellino donde estaba perdido; y esto significa que lo que en el primer momento era pura sensación, va tomando una “figura” más o menos fija, un cierto “aspecto”. Como si el sujeto se dijese: ¡Ah, esto es algo, esto es algo blanco, es una superficie blanca, es una pared blanca…!, etc., etc.

Aparece entonces el elemento que alude el segundo componente de la palabra “ob-jeto”: porque lo que antes era pura sensación, es ahora algo “iectum”, algo que está ahí plantado, colocado con una cierta “figura” o aspecto determinado (el significado de “idea” en griego). La función del concepto consiste para Kant, justamente en dar carácter, sentido, “forma”, a lo que un instante antes no era más que un caos, algo indeterminado. Lo que nos sale al encuentro (“ob-“) resulta ahora determinado como algo que está con cierto aspecto físico, y que por tener fijeza es constante, mientras que las sensaciones son fluctuantes y cambiantes.

reww

Notas y referencias.

Crítica a la razón pura (Kant)

Historia de la filosofía moderna (W. Windelband)

Immanuel Kant (O. Hóffe)

Kant. vida y doctrina (E. Cassirer)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: