La Crítica de la razón pura como ontología.

La Crítica de la razón pura no es como suele repetirse en tantos manuales, un tratado de teoría del conocimiento, o, por lo menos, que no lo es fundamentalmente. Este libro es en rigor una metafísica de la experiencia, o mejor dicho, una ontología , es decir, el estudio de las determinaciones necesarias y universales de los objetos, esto es, de los entes que son objeto de la experiencia. Para ser más precisos, esta ontología se ocupa propiamente, no del ente -el objeto empírico- cuya investigación concierne a la ciencia (la ciencia de la naturaleza), sino de lo que hace ser a tales objetos, es decir, del ser de los entes empíricos, o, dicho en el lenguaje de Kant, de las condiciones de posibilidad de los objetos. Estas condiciones -intuiciones puras y categorías- dependen del sujeto, de tal modo que, a diferencia de la ontología racionalista y realista, que pensaba conocer las cosas en sí mismas mediante la sola razón, la “ontología” kantiana es una ontología de los objetos empíricos (fenómenos) tal como (no los refleja, sino) los construye el sujeto con el entendimiento y mediante las intuiciones puras.

La ontología es aquella ciencia (como parte de la metafísica) que consiste en un sistema de todos los conceptos y principios del entendimiento, pero sólo en cuanto a que se refieren a objetos que pueden ser dados a los sentidos y que por consiguiente pueden ser documentados por la experiencia.

El hombre, como sabemos, es un ente finito, y esa finitud se denuncia en que no puede crear (de la nada, como Dios) el objeto de conocimiento, sino en que éste tiene que serle dado. Pero lo unico que le es dado al hombre son afecciones, sensaciones, y estas de por sí no son todavía propiamente objetos. Por tanto el hombre tiene que proyectar sobre ese material sensible de las impresiones una figura, un aspecto (eidos) más o menos fijo que unifique ese material y así le de sentido. Tal proyecto acontece en tanto que lo empíricamente dado e intuido bajo las formas puras del espacio y el tiempo, lo piensa el sujeto a merced de las categorías; y de esta manera las categorías, através de las intuiciones puras, trazan la fisionomía -el aspecto o “eidos”-, la “figura” que todo objeto posible debe tener para poder ser objeto para el hombre. Por ello dice que Kant que “las condiciones de la posibilidad de la experiencia en general son a la vez condiciones de la posibilidad de los objetos de la experiencia“.

Entonces, para que efectivamente haya objetos, el sujeto, mediante su actividad sintética unificadora, debe establecer las condiciones de objetividad de los objetos, es decir, el ser de los objetos. Solo a partir de este proyecto o plan del ser de los objetos puede el hombre en general encontrarse con los objetos. Sólo dentro de tal proyecto del ser de los entes podemos lograr un conocimiento objetivo de éstos.

De esta manera se puede comprender cómo puede haber un conocimiento sintético a priori de los objetos, una construcción (síntesis) de objetos; construcción que es independiente de la experiencia y condición de la misma. Esta construcción es obra de la apercepción trascendental, que sistetiza la multiplicidad dada en la intuición, constituyendo así los distintos objetos y, en definitiva, esa unidad mayor que es la naturaleza. Por ello, entonces, el entendimiento es “el creador de la experiencia”.

En el prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura dice Kant, refiriéndose a los creadores de la ciencia moderna:

Comprendieron que la razón no intelige sino lo que ella misma produce según su proyecto;  que debe adelantarse con principio de sus juicios, según leyes constantes, y obliga a la naturaleza a contestar a sus preguntas, no empero dejarse conducir como andadores; pues de otro modo, las observaciones contingentes, hechas sin ningún plan proyectado de ante mano, no pueden venir a conexión en una ley necesaria, que es sin embargo lo que la razón busca y necesita. La razón debe acudir a la naturaleza llevando en una mano sus principios, según los cuales tan sólo los fenómenos concordantes pueden tener el valor de las leyes, y en la otra el experimento, pensado según aquellos principios.

Kant señala que los físicos que fundaron la ciencia moderna se dieron  cuenta de que la razón, para conocer, debe trazar un proyecto de la naturaleza, del “ser” de los objetos de la experiencia, porque con puros datos sensibles, con observaciones aisladas, no hay conocimiento científico ninguno. La razón debe “tomar la delantera con los principios que determinan sus juicios, siguiendo leyes inmutables”, esto es, debe fijar sus preguntas a priori, estableciendo los principios o fundamentos de lo que ha de ser su objeto. La razón debe obligar a la naturaleza a responder sus preguntas, no dejarse “conducir con andadores”, es decir, simplemente limitarse a recibir los datos que proporciona la pura percepción; sino que se trata de exigirle a la naturaleza que responda a nuestras preguntas, y para eso debe constituirse el “ser” de los objetos de la experiencia, trazar el sentido de eso que llamamos “naturaleza”. Es preciso, pues, que la razón se presente a la naturaleza teniendo en una mano sus principios (los de causalidad, substancialidad, etc.) y en la otra el experimento que la razón a imaginado según aquellos principios. Porque, desde luego, la ciencia física no es una construcción apriorística sin más; esa construcción es válida solamente en tanto sirve como guía para la observación y el experimento. Pero el experimento por sí solo, repetimos, no dice nada, sino que adquiere significado únicamente dentro de un determinado proyecto del “ser” de los objetos de la naturaleza. Si se toma una piedra con la mano, y se la suelta, la piedra cae; esto lo observan todos, tanto Aristóteles cuanto Galileo; y éste sería el puro hecho perceptivo. Pero la diferencia entre Aristóteles y la ciencia moderna (Newton, en concreto) reside en que para Aristóteles la piedra cae por que tiende a su lugar natural, que en este caso sería el centro de la tierra, mientras que según Newton la piedra cae porque la atrae la tierra, en función de la ley de gravedad. El “hecho” es el mismo en ambos casos; pero la interpretación de hecho es radicalmente distinta, y la diferencia de interpretación estriba  en que en cada caso el “ser” del objeto natural, el proyecto del ente natural, es diferente.

La unificación de la diversidad, desorden e incoherencia de las impresiones ya la logra en parte el conocimiento vulgar, pero se alcanza de manera acabado con el conocimiento científico, con la física, que representa justamente una concepción unitaria de los fenómenos del mundo exterior. Pues bien, lo que hace posible este sistema son los que Kant llama “Principios del entendimiento puro”. Estos principios trazan el ser de los objetos empíricos, la “figura” de los objetos naturales; con otras palabras, determinan el sentido de lo que se llama “naturaleza”, porque la “naturaleza” es ese sistema coherente de fenómenos de que se acaba de hablar, en la medida justamente en que tiene una estructura regular o conforme a las leyes: “naturaleza, en su significado formal”, es “el conjunto de reglas bajo las cuales deben estar todos los fenómenos”, es decir, “la unidad sintética de lo múltiple de los fenómenos según sus reglas”.

ontologia

Notas y referencias.

Kant y el problema de la metafísica (M. Heidegger)

Kant’s metaphysics of experience (H. J. Paton)

Crítica de la razón pura (Kant)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

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