Las analogías de la experiencia.

El principio general de las Analogías sostiene  que “la experiencia es posible sólo mediante la representación de un enlace necesario de las percepciones”.

La experiencia es conocimiento de objetos mediante percepciones; las cuales no constituyen conocimiento si simplemente se juntan unas a otras, sino sólo en cuanto el enlace de las mismas constituye una unidad sintética en una conciencia, la cual síntesis constituye lo esencia de un conocimiento de objetos. “objeto es aquello en cuyo concepto lo múltiple de una intuición es reunido”.

Pero como la experiencia es conocimiento de objetos, en ella “debe ser representada la relación en la existencia de lo múltiple, no tal como se junta [subjetiva, casualmente] en el tiempo, sino tal como es [efectivamente] objetivamente en el tiempo”. De los tres modos del tiempo -permanencia, sucesión y simultaneidad- resultan las tres analogías, de las que omitiremos la tercera.

La primera Analogía: pertenencia de la substancia.

La categoría pura (inherencia y subsistencia) temporalizada, i.e., esquematizada, da lugar a lo que permanece en el tiempo. Así el principio de permanencia de la substancia establece: “La substancia permanece [subsiste] en todo el cambio de los fenómenos, y su cantidad ni aumenta ni disminuye en la naturaleza”.

En el fondo se trata de comprender, aunque resulte paradójico, que sólo cambia lo inmutable. Se sabe que todos los fenómenos se dan en el tiempo; en él “como substrato (con forma permanente en la intuición interna) solamente pueden res representadas tanto la simultaneidad como la sucesión.

La prueba del principio es la siguiente: a) En la experiencia recibimos el cambio de los fenómenos. Pero ha de haber allí algo permanente, pues de otro modo el cambio no sería perceptible.; faltaría todo punto de referencia y el cambio no podría determinarse objetivamente. b) El cambio supone que el tiempo mismo no cambia, sino que es permanente. De modo que en la experiencia necesariamente hay algo permanente como condición de cualquier cambio. c) Pero si  bien el tiempo es permanente, no puede ser la substancia, porque d) el tiempo “por sí mismo no puede ser percibido” e) Por ende, lo permanente será lo que llena el tiempo, es decir que el substrato de todo cambio se hallará en los fenómenos: en éstos deberá hallarse el substrato que representa al tiempo en general, y en el cual todo cambio o toda simultaneidad puede ser percibida en la aprehensión mediante la relación de los fenómenos con ese substrato. f) Por ello el substrato de todas las variaciones es la substancia. “Solo en lo permanente son posibles relaciones del tiempo”. Y como se trata de lo permanente, de lo que no cambia, la cantidad de substancia tampoco “puede aumentar ni disminuir”.

La substancia, pues, es el supuesto necesario para determinar las modificaciones o alteraciones empíricas y hacerlas así objeto de conocimiento. De este modo queda probada la objetividad del concepto de substancia. Pero decir qué sea lo permanente, si materia o energía u otra cosa, no lo dice la Crítica porque ello no le concierne, sino que es tema de la investigación empírica, de la ciencia física.

La segunda Analogías: la ley de la causalidad.

La segunda analogía enseña el principio de sucesión en el tiempo según la ley de causalidad que establece lo siguiente: “Todos los cambios se producen según la ley de enlace de la causa y del efecto”.

La categoría pura la llama Kant “causalidad y dependencia”; pero más bien habría que llamarla de “fundamento”, o bien, de “condición a condicionado”, o de “principio a consecuencia” en sentido meramente lógico. Pero si esta esta categoría pura la esquematizamos, es decir, si se la pone en relación con el tiempo, su esquema resulta ser “la sucesión de lo múltiple por cuanto se halla sometido a una regla”, que es la relación causal en el sentido moderno de la palabra: la relación entre dos hechos sucesivos tales, que el primero determina necesariamente, produce, la aparición del segundo, como ocurre por ejemplo que el calor dilata los cuerpos. En cambio la categoría pura , puede referirse a una relación puramente lógica, no mienta para nada la sucesión temporal ni la producción -como había supuesto el racionalismo en la medida en que identificaba causa y razón.

La Crítica sostiene que la causalidad encuentra su aplicación en la experiencia; mejor dicho, no la categoría pura, pero sí su esquema, porque encontramos regularidades, sucesión según reglas, sin lo cual no tendríamos conocimiento de los fenómenos.

El principio lo demuestra Kant resumiendolo del siguiente modo: lo que se trata de establecer es la relación objetiva en el que se suceden los fenómenos. Porque sin duda son diferentes el orden temporal subjetivo -el de mis representaciones, que son siempre sucesivas- y el orden en que se manifiestan los fenómenos mismos. El orden de las percepciones es pues reversible, pero el orden objetivo es irreversible, de modo que “la mera percepción  [el punto de vista de Hume] deja indeterminada la relación objetiva de los fenómenos sucesivos”, donde las palabras “mera percepción” significan la percepción sin pensamiento, sin intervención de la categoría.

Para que un conocimiento causal sea objetivo, tiene que referirse a una relación irreversible, a un orden determinado y regular. Cuando el orden de las percepciones es irreversible, ello es señal de que en los fenómenos hay una sucesión objetiva, que no podemos disponer a nuestro capricho; es indice de que se da un orden necesario, una relación causal: un orden “de lo múltiple según el cual la aprehensión de lo uno (lo que sucede) sigue según una regla a la aprehensión de lo otro (lo que antecede) -donde “según una regla” quiere decir que “no puedo disponer mi aprehensión sino precisamente según esta sucesión”, por ello es objetiva.

el descubrimiento de Kant consiste en haber visto, por un lado, la necesidad de la categoría como condición del conocimiento; y por el otro, el carácter formal de la misma, lo cual la remite a la experiencia que le proporciona contenido: la sucesión regular de los fenómenos autoriza el empleo del concepto de causalidad, pues él por sí solo, como categoría pura, carece de aplicación. Y sobre tal aplicación, la que decide es la investigación científica.

En resumen, Kant puede decir que el entendimiento es el legislador de la naturaleza, en la cual encuentra lo que él mismo ha puesto en ella, en cuanto le ha dado forma.

Sin mayor dificultad puede apreciarse que estas Analogías son fundamentos necesarios de la física (y, en general, de toda ciencia). Porque, en efecto, no podemos pensar racionalmente , científicamente, si no suponemos que la cantidad de materia (o de energía) se mantiene constante -pues lo contrario significaría que algo surge de la nada o se hunde en la nada, lo que sería tanto como aceptar la existencia de milagros. De modo parejo, no puede pensarse científicamente sin la noción de causalidad, porque de otra manera se abrirían las puertas al azar, al a casualidad, al capricho.  Y también debe llamarse la atención sobre la que estos Principios del entendimiento puro no se los aprehende empíricamente, sino que son a priori y, justamente, condiciones que hacen posible la experiencia; por ello dice el texto de Kant, ya citado, que la razón ” debe tomar la delantera con los principios que determinan sus juicios, siguiendo las leyes inmutables”.

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Notas y referencias.

Crítica de la razón pura (Kant)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

 

 

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