De la cuarta Antinomia: La idea de Dios.

La cuarta antinomia está vinculado con el gran tema de la Dialéctica trascendental, el tema de Dios. Porque un ente absolutamente necesario, en el fondo, es un ente que ya no pertenece al mundo, sino que tiene que pensarse como algo separado e independiente de la serie de fenómenos; con lo cual esta Idea del ente necesario deja de ser una Idea cosmológica, vale decir, relativa al mundo, y se transforma en una Idea teológica.

Dios es por definición (independientemente de que exista o no), la condición de todas las condiciones, el fundamento último respecto de todas las posibles consecuencias. En este sentido, Dios es un concepto legítimo, en la medida en que nos sirve para enlazar, en el pensamiento, la totalidad absolutamente completa de todos los objetos en que podamos pensar. Pero si se considera esta Idea como algo real, si se le substancializa y personifica, y se intenta buscar pruebas para demostrar su existencia, entonces se está empleando esta Idea de manera ilegítima (en el campo teórico).

Para Kant, todas las posibles demostraciones de la Idea de Dios, van a parar, en última instancia, al argumento ontológico. El argumento de Descartes quería ser un juicio analítico, pues afirma que la existencia está contenida en el concepto de Dios; Kant, por el contrario, muestra que se trata de un juicio sintético.

En efecto, “ser” -que aquí equivale a “existir” -“no es evidentemente un predicado real, es decir, un concepto de algo que pueda añadirse al concepto de una cosa”. En este caso la palabra “real” significa lo relativo a la esencia de una “cosa” (res); por tanto, el texto dice que la existencia no es un predicado esencial, no es un predicado de la esencia de una cosa, vale decir, no es un predicado que se encuentre como constituyendo el contenido de un concepto.

La existencia, entonces, no es nada conceptual. Dicho con otras palabras: la existencia no puede ser un predicado conceptual, porque el concepto sujeto, como concepto, no varía absolutamente nada en su significado por el hecho de que se afirme o niegue la existencia del objeto a que ese concepto se refiere. Por eso escribe Kant: “Cien talérs efectivamente existentes no contienen absolutamente nada más que cien talérs posibles”. La diferencia está en que en un caso los tengo en el bolsillo, y en el otro no los tengo, de manera que la diferencia no es conceptual, porque desde el punto de vista del concepto -y la prueba ontológica quiere ser un argumento puramente conceptual – son exactamente lo mismo cien talérs posibles y cien talérs existentes.

El argumento ontológico dice: “Dios es un ser perfecto,; si es perfecto tiene que existir, porque si fuese inexistente sería imperfecto”. Es decir que, según Descartes, el juicio “Dios existe” sería un juicio analítico, porque el predicado “existe” tendría que estar contenido en el sujeto “Dios” o “Ser perfecto”. Kant lo niega por la sencilla razón de que la existencia, según se acaba de ver, no es nada conceptual, y si no es nada conceptual no puede estar contenida en un concepto y por ende no se le puede extraer analíticamente de él.

La existencia no designa una nota conceptual, nada que se encuentre dentro del concepto de algo, sino que señala posición entre los fenómenos de las cosas a que nos referimos, con todas las notas contenidas en su concepto. La existencia indica, no una relación conceptual, sino la relación de la cosa con nuestro conocimiento; en una palabra, la  existencia señala el hecho de que el objeto se me da, la presencia de algo dentro del mundo fenoménico. Decir que algo existe significa que algo está dado dentro del ámbito de la experiencia.

Todos los juicios de existencia son, pues, sintéticos, no analíticos. El argumento ontológico pretende proceder por vía analítica, porque encontraríamos la existencia “dentro” del concepto de Dios. Por tanto, para Descartes, el juicio “Dios no existe” sería un juicio contradictorio, porque equivaldría a decir: “Dios, que es un ente necesariamente existente, no existe”. Kant muestra al revés, que el juicio de “Dios no existe” no es contrario en modo alguno, porque la existencia no es un “predicado real”, vale decir, no es una nota conceptual, y por lo tanto no puede contradecir a ningún concepto. El juicio “Dios no existe” no es contradictorio; por tanto, el argumento ontológico falla por la base.

Pero asi como el juicio: “Dios no existe” no es contradictorio, el juicio “Dios existe” tampoco lo es. Lo que Kant enseña es que no se puede demostrar la existencia de Dios, ni tampoco se puede demostrar su inexistencia. Desde el punto de vista del conocimiento humano, no se puede afirmar ni negar la existencia de Dios. Los argumentos teístas son tan poco validos como los argumentos de los ateos -porque también el ateo pretende hacer un juicio de existencia (aunque sea negativo) acerca de algo de que no se tiene intuición, y de lo cual, por tanto, no puede saberse si existe ni si no existe.

Resumiendo, entonces, la Dialéctica trascendental enseña que los temas de que se ocupaba la metafísica tradicional en su parte especial -los temas del alma, del mundo, de Dios- son temas que escapan al conocimiento; pero ello no nos impide sin embargo pensar en un mundo nouménico, sino más bien nos introduce a hacerlo en la medida en que el hecho de la conciencia moral exige la libertad. Debemos ocuparnos ahora de la ética de Kant.

n024p15


Notas y referencias.

Crítica de la razón pura (Kant)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

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