De la razón práctica: la conciencia moral.

Las cuestiones metafísicas: la de Dios, la del mundo, la del alma, etc., son asuntos que jamás pueden serle indiferentes al hombre. Como el hombre es un ente dotado de razón, y la razón es la facultad de lo incondicionado, la metafísica es una disposición natural del hombre y por tanto necesaria para éste. Sin embargo, la actitud de Kant frente a la metafísica es en cierto modo ambigua y vacilante. Esta ambigüedad en que se coloca Kant frente a la metafísica, parece forzarnos a tratar de resolver lo que no es sino una aparente contradicción.

Kant busca una solución pero no en el campo de la razón teórica, no en el campo del conocimiento (porque en este tenemos que atenernos a los fenómenos), sino en el campo moral, en el campo de la razón practica.

En efecto, no conocemos lo absoluto; pero sin embargo tenemos un cierto acceso, una especie de “contacto”, por así decir, con lo absoluto o, mejor, con algo absoluto. Este contacto se da en la conciencia moral, es decir, la conciencia del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, de lo que debemos hacer y de lo que no debemos hacer. La conciencia moral significa, según Kant, algo así como la presencia de lo absoluto, o de algo absoluto en el hombre. Afirmamos entonces que en la conciencia moral se da un contacto con algo absoluto porque la conciencia moral es la conciencia del deber, es decir, la conciencia que manda de modo absoluto, la  conciencia que ordena de modo incondicionado. Lo que el deber manda, repetimos, lo manda sin restricción ni condición ninguna; “debo hacer esto”, pero no porque aquello me vaya a dar alguna satisfacción sino tan sólo porque es mi deber.

La conciencia moral es entonces la conciencia de una exigencia absoluta, exigencia que no se explica y que no tiene ningún sentido desde el punto de vista de los fenómenos de la naturaleza. Porque en la naturaleza no hay deber, sino únicamente el suceder de acuerdo con las causas. La naturaleza es el reino del ser, de cosas que simplemente son; mientras que la conciencia moral es el reino de lo que debe ser.

En el dominio de la naturaleza está todo condicionado según leyes causales. En la conciencia moral, en cambio, aparece un imperativo que manda de modo incondicionado, un imperativo “categórico”. La conciencia moral dice, por ejemplo: “no mentiras”, sin someter este mandamiento a ninguna condición. No dice que no deba mentir en tales o cuales circunstancias para lograr así una recompensa, porque esto no sería exigencia moral, sino expresión de astucia; en efecto, al decir: “si quiero ganar dinero, no debo mentir”, hay aquí un imperativo, una orden (“no debo mentir”), pero el imperativo está sujeto a una condición (la de que quiera ganar dinero); más si no quiero ganarlo, el imperativo deja de valer. Este tipo de imperativo lo llama Kant “hipotético”. Pero los imperativos morales son incondicionados, es decir, categóricos, porque lo que el imperativo manda lo manda sin más, sin ninguna contradicción (otra cuestión será, repetimos, que se lo desobedezca, o que, según ocurre frecuentemente, se lo infrinja).

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Notas y referencias.

Grundlegung zur MetaphysiK der Sitten -Fundamentación de la metafísica de las costumbres- (G. Morente)

Kritik der praktischen Vernunft -Critica de la razón práctica- (Kant)

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