El primado de la razón práctica.

Se ha establecido que es imposible conocer teóricamente nada respecto de los objetos de la metafísica especial: la libertad, la inmortalidad del alma y Dios. Si bien estas ideas, o, más exactamente, los objetos a que estas ideas apuntan, son perfectamente pensables sin contradicción , no son más que ideas, es decir, conceptos de por sí vacíos, pues no hay intuición que les corresponda. La libertad representa un caso especial; es preciso admitir su existencia pues de otro modo la consciencia moral resultaría un absurdo; en tal sentido, como condición necesaria de la posibilidad de la moral – que es un hecho del cual no cabe dudar-, la libertad es:

la única entre todas las Ideas de la razón especulativa cuya  posibilidad a priori sabemos, aunque sin comprenderla sin embargo, porque ella es la condición de la ley moral, ley que nosotros sabemos.

En cuanto a las otras dos Ideas, Dios y la inmortalidad.

No son, empero, condiciones de la ley moral, sino sólo condiciones del objeto necesario de una voluntad determinada por esa ley, es decir, del uso meramente práctico de nuestra razón pura: así pues, de esas ideas también podemos afirmar que no conocemos ni inteligimos [einzusehen], no digo tan sólo la realidad, sino ni siquiera la posibilidad. Pero sin embargo son ellas las condiciones de la aplicación de la voluntad, moralmente determinada, a su objeto que le es dado a priori (el supremo bien). Por consiguiente, su posibilidad puede y debe ser admitida en esta relación práctica, sin conocer o inteligirla, sin embargo, teóricamente.

Resulta pues que la razón práctica tiene el primado sobre la razón teórica o especulativa, esto es, que el interés de la moralidad -que es necesariamente absoluto- autoriza suposiciones teoréticas sin las cuales no podríamos analizar la moral; los fines de la razón práctica prevalecen sobre los de la razón especulativa, la moral sobre el conocimiento.

La ley moral exige el cumplimiento más perfecto, en definitiva, la realización  de la Idea de santidad, Idea práctica “que necesariamente tiene que servir de modelo” para los seres racionales finitos, pues ella “les pone constante y justamente ante los ojos la ley moral pura”. Mas el hombre, por ser finito, no puede alcanzar tal ideal en las condiciones del mundo sensible; por ende, aproximarse a tal modelo “en lo infinito, es lo único que corresponde” a un ser tal. Virtud es “la intención [o disposición de ánimo (Gesinnung)] moral en la lucha continua y victoriosa contra las inclinaciones, en busca de perfecta -aunque inalcanzable- purificación”. Como la perfección moral es prácticamente necesaria”, sólo se la podrá alcanzar “en un progreso que va al infinito”; y como ese progreso al infinito “solo es posible bajo el supuesto de una existencia y personalidad duradera en lo infinito del mismo ser racional”, resultará que el alma es inmortal.

La virtud es el único bien incondicionado, es el honum supremum o el bien superior (das  oberste Gut); pero además Kant llama también bien supremo (hóchstes Gut) el que comprende en sí además del bien acabado (vollendetes Gut, bonum consumatum), es decir, todos los bienes condicionados -como lo útil, lo agradable, etc.-, en una palabra, el estado de contento que llamamos felicidad, la mayor satisfacción posible y duradera de las inclinaciones: “el estado de un ser racional en el mundo al cual, en el conjunto de su existencia, le va todo según su deseo y voluntad”

Esta claro que la virtud merece felicidad; pero también lo está que la virtud no lo garantiza, y que de hecho nos encontramos frecuentemente con que no halla la felicidad merecida. Pero si ha de darse tal correspondencia entre virtud y felicidad, es preciso que haya un poder omnisciente, omnipotente e infinitamente justo capaz de dispensar la felicidad merecida, por ejemplo, Dios.

Ahora bien, era un deber para nosotros fomentar el supremo bien; por consiguiente, no sólo era derecho, sino también necesidad unida con el deber, como exigencia, presuponer la estabilidad de este bien supremo, lo cual, no ocurriendo más que bajo la condición de la existencia de Dios, enlaza inseparablemente la presuposición del mismo con el deber, es decir, que es moralmente necesario admitir la existencia de Dios.

Pero es preciso fijarse bien que estos postulados no son pruebas especulativas o demostraciones de la razón teórica, pues no nos dan “conocimiento” ninguno de lo suprasensible. Son sólo “supuestos” de la moralidad, de la ley “por la cual la razón determina inmediatamente la voluntad”. Escribe Kant:

Estos postulados no son dogmas teóricos, sino presuposiciones en sentido necesariamente práctico; por tanto, si bien no ensanchan el conocimiento especulativo, dan, empero, realidad objetiva a las Ideas de la razón especulativa en general (por medio de su relación con lo practico) y la autorizan para formular conceptos que sin eso no podría pretender afirmar ni siquiera en su posibilidad.

9459-frase-si-la-razon-practica-no-puede-admitir-ni-pensar-como-dado-nada-mas-que-lo-queimmanuel-kant

Notas y referencias.

Crítica de la razón  práctica (Kant)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: