Kant llama juicio “la facultad de pensar lo particular como contenido en lo universal”, la capacidad de relacionar el caso concreto con el universal (sea éste principio, concepto o regla). Se trata de un juicio determinante cuando lo universal está dado (bestimmende Urteilskraft), y fue objeto de estudio en la Crítica de la razón pura. Allí se habían establecido las leyes universales de la naturaleza, las cuales son constitutivas de todo objeto natural en cuanto tal; dichas leyes, que el entendimiento mismo posee -y por ello se dice que el universal está dado- son las que establecen los Principios del entendimiento puro.

El entendimiento posee ciertamente a priori leyes universales de la naturaleza, sin las cuales ésta no podría absolutamente ser objeto de la experiencia; pero necesita aun, sin embargo, también además un cierto orden en la naturaleza, en las reglas particulares de la misma, que pueden serle conocidas sólo empíricamente, y que, con relación a él [el entendimiento], son contingentes.

En este punto aparece el juicio reflexionante (reflektierende Urteilskraft), o facultad de juicio en sentido estricto, que consiste (al revés del determinante) en que, dado lo particular, trata de encontrar para él lo universal. En lugar de conocer, de decir lo que el objeto es, el juicio reflexionante manifiesta, digamos, una reacción del sujeto sobre sí, expresa una especie de vuelta de la conciencia sobre sí misma (una re-flexión) -si bien con ocasión de la presencia del objeto- para “meditar” sobre éste. La faculta de juicio reflexiva sirve de guía u orientación para buscar lo universal: su función (en lugar de constitutiva) es heurística y regulativa. No conoce ni afirma, sino conjetura, supone, que en la naturaleza no tiene lugar ese inquietante caos que se pudo sospechar, sino que en ella hay orden y regularidad -orden y regularidad que, no obstante, por no estar dados, hay que buscar.

Para explicarnos la posibilidad del conocimiento de las leyes particulares debemos “considerar” que también en lo particular se da un sistema de leyes empíricas, las cuales, por analogía con nuestro entendimiento, las ha prescrito una inteligencia, aunque muy superior a la humana.

[…] las leyes particulares empíricas[…] deben ser consideradas […] tal como si un entendimiento (aunque no sea el nuestro) las hubiese igualmente dado para nuestras facultades de conocimiento, para hacer posible un sistema de la experiencia según leyes particulares de la naturaleza.

De este modo se comprende la intangibilidad de lo empírico, que éste resulte accesible a nuestro conocimiento. La naturaleza resulta así “considerada” como producto de una inteligencia que la ha ordenado y dispuesto con el propósito de que la podamos conocer, el mundo sensible queda subordinado al inteligible que lo ha establecido, y al “suponer” que el substrato del mundo natural se halla en el inteligible las dos primeras Críticas quedan conciliadas.

Lo que se ha dicho no significa de ninguna manera que afirmamos la existencia efectiva de tal intelecto sobrenatural; hacerlo equivaldría a incurrir en la metafísica de lo trascendente, metafísica que está por encima de las capacidades del hombre. Lo expresado son formulaciones sólo del juicio reflexionante, que carece de función constitutiva y únicamente permite que nos orientemos entre la variedad y multiplicidad de lo empírico. Esto es condición indispensable de toda investigación científica de la naturaleza, tal como lo muestran, ya desde los antiguo, las “sentencias de la sabiduría metafísica”.

La ciencia busca para todo fenómeno la ley o concepto que le corresponda, y esa búsqueda la lleva a cabo en la suposición de que podrá descubrirlos, es decir, de que la naturaleza tiene una estructura “inteligible”, captable para nuestro entendimiento -como si las leyes particulares las hubiese dictado una inteligencia sobrenatural (aunque sea sólo hipotética) para posibilitar una experiencia coherente, esto es, como si la naturaleza estuviese adaptada a nuestro propósito de conocerla. Bajo tal suposición resulta comprensible el que haya leyes empíricas, así como la clasificación y división de las leyes y conceptos naturales.

Las Leyes Cósmicas o Universales - Segunda Parte

 


Notas y referencias.

Crítica del juicio (Kant)

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

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Un comentario en “Leyes universales y leyes particulares.

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