Sobre la Crítica del juicio puede decirse que enfoca la naturaleza, no como máquina, sino más bien como un gigantesco organismo. Según el entendimiento, entonces, la naturaleza constituye un agregado de partes conectadas según causas eficientes y por tanto necesarias (determinismo). En cambio, en la Crítica del juicio se representa la naturaleza, según la presunción del Juicio reflexionante, como sistema, es decir, como un todo de partes determinadas por un concepto universal; enfoca la naturaleza como sistema lógico.

La idea de sistema es un concepto propio de la razón -no del entendimiento ni del Juicio-; pero en tanto la razón intenta emplearlo objetivamente, aplicándola a objetos trascendentes , el Juicio le otorga tan sólo empleo inmanente, no objetivo, como principio referido a conceptos empíricos y únicamente como apreciación subjetiva al servicio de nuestra capacidad de conocer; se trata de un principio que el Juicio se da a sí mismo para poder investigar la naturaleza.

El sistema lógico que conjeturamos que hay entre la multiplicidad de las leyes particulares tiene que considerarse, desde el punto de vista del entendimiento, como contingente; y, no obstante, es preciso juzgarlo como indispensable en cuanto dirigido a nuestro conocimiento: “como finalidad mediante la cual la naturaleza concuerda con nuestra intención, dirigida empero sólo al conocimiento”. A esta necesidad de sistema en lo particular de la naturaleza -necesidad puramente subjetiva- la naturaleza parecería responder favorablemente.

Así bien, el propósito de todo logro va enlazado con el sentimiento de placer (Lust). Y como la condición del propósito es en este caso el Juicio reflexionante -que es fundamento a priori y válido para todos los hombres- resulta que “también el sentimiento de placer estará determinado por un fundamento a priori y es valedero para cada cual”.

Si en cambio no encontramos tal sentimiento en el hecho de que los fenómenos de la naturaleza sean conformes a los Principios del entendimiento, ello se debe a que estas leyes generales de la naturaleza no son más que la objetivación, digamos, de esas leyes, su funcionamiento mismo. Pero en cambio “la posibilidad descubierta de unir dos o más leyes empíricas y heterogéneas bajo un principio que las comprende a ambas” precisamente por la incertidumbre en el éxito, “es el fundamento de un placer muy notable, a menudo hasta de admiración, incluso de una tal admiración que no cesa aunque ya se esté bastante familiarizado con el objeto de la misma”. Ocurre sin embargo que la costumbre ha hecho que demos por obvia la unidad de la naturaleza y la división “en especies y géneros, por la cual tan sólo son posibles los conceptos empíricos que nos sirven para conocerla según sus leyes particulares”, de manera que ya no se experimenta en ello placer ninguno. Pero no hay duda de que tal placer “ha existido seguramente en el tiempo”. “En cambio nos desagradaría por completo una representación de la naturaleza mediante la cual se nos dijera de ante mano que en la investigación más mínima, por encima de la experiencia más vulgar, nos hemos de tropezar con una heterogeneidad  de sus leyes que hiciera imposible para nuestro entendimiento la unión de sus leyes particulares bajo otras generales”.

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Notas y referencias.

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

Crítica del Juicio (Kant)

Un comentario en “Mecanismo y sistema. El sentimiento de placer.

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