Todo es de índole relacional, ninguna realidad ni ningún pensamiento poseen sentido -esto es, realidad y verdad – sino por su relación con otras realidades o con otros pensamientos. Esto quiere decir que cualquier cosa o pensamiento, en cuanto se le considere por sí mismo, separado de sus relaciones, abstrayendo de éstas -esto es, de modo abstracto-, resulta contradictorio, puesto que termina por anularse a sí mismo. Cualquier cosa considerándose en sí misma, acaba aniquilándose: lo aislado es contradictorio y se anula a sí- mientas que en cambio cobra realidad y sentido en relación con los demás. De esta manera podemos decir que la cosa “es lo que es, en relación con lo que no es”, es decir, que la cosa es en tanto se niega a sí misma como algo aislado para constituirse en función con lo que ella no es, de las otras cosas. Algo es, -vale decir, se pone como realidad-en cuanto a la vez se o-pone a aquello que no es. A la oposición la llamamos tesis, entonces, la oposición será la anti-tesis. Ahora bien, la cosa no se suprime al negarse como algo independiente y ponerse en relación con otras cosas sino que por el contrario “se afirma y se realiza a través de una negación en una unidad superior de la que ella misma y su contraria no son más que los momentos”, esa unidad superior en que tesis y anti-tesis están puestas juntamente la llamamos síntesis.

Este especial tipo de relacionalidad es la relación dialéctica, constituida por tres momentos, la afirmación, la negación y la negación de la negación.

Lo lógico tiene 〈…〉tres lados: el abstracto o el propio entendimiento (Verständige), el dialéctico o racional-negativo, el especulativo o racional positivo.¹

El entendimiento procede mediante separación o análisis, y por ello su operación es abstracta, unilateral. La razón comienza por poner de relieve el momento negativo de aquello de que se trate, y Hegel lo llama “dialéctico” por cuanto lo que “mueve” es la “fuerza determinante de la negación” (bestimmende Kraft der Negation).

El tercer momento es el racional positivo, la negación de la negación, el momento especulativo. Hegel caracteriza el pensar especulativo -a diferencia del intelectual- como captación de los momentos opuestos en su unidad, como conocimiento mediante conceptos “concretos” por oposición a la reflexión, que procede por medio de conceptos abstractos. La especulación niega la independencia de los dos primeros momentos y a la vez los conserva e integra dentro de sí como instancia superior; niega la mera oposición en que aquellos se dan, porque tomados por sí solos no son más que la simple negación el uno del otro, en tanto que toman sentido en función de la negación de la negación, que los abarca y contiene como momentos o articulaciones suyas. Esta operación mediante la cual a los dos primeros momentos se los elimina en su independencia absoluta, y a la vez se los conserva en tanto momentos de la totalidad, la llama Hegel Aufhebung, termino que podemos traducir por “superación”.

La dialéctica entonces no es para Hegel un método, sino que constituye la estructura misma de la realidad, integrada por oposiciones, por contrastes, por tensiones entre opuestos; y de tal manera que por exigencia de la dialéctica misma, cada oposición requiere un tercer momento que establece la conciliación (Versönung) entre los dos opuestos. Ahora bien, como el conocimiento es un aspecto de la realidad, resulta que en consecuencia, secundariamente, la dialéctica es también un método, el método del conocimiento filosófico.

De manera que ahora puede formularse un segundo enunciado: la realidad es un conjunto de relaciones dialécticas.

DIALECTICA
Representación gráfica de la dialéctica.

Notas.

Hegel no utiliza las expresiones “tesis”, “antitesis” y “síntesis”, que sin embargo suelen emplear sus expositores.

¹Enzyclopädie der philosophischen Wissenschafften [Enciclopedia de la ciencias filosóficas]


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Georg Wilhem Friedrich Hegel: Breve introducción.

Relacionismo


Referencia bibliográfica.

Resumen: CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004, pag. 294-295. (26/2/2017)

 

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