Las cosa es en las relaciones que mantiene con lo que está fuera de ella, en relación con lo que no es la cosa misma. Esto, sin embargo, puede provocar una dispersión al infinito, pues lo que una cosa es lo es por medio de otra, y ambas por relación a una tercera, y luego a otra más, etc.

Pero Hegel evita este problema pues la síntesis contiene dentro de sí los momentos anteriores. Cada nuevo momento está lejos de significar una instancia que se agregue, de fuera, a las anteriores; sino que la síntesis está implícitamente -en sí, potencialmente- contenida va en ellos y en ellos e va desplegando. De modo que las relaciones son relaciones internas.

La oposición entre cosas diferentes se articula y concilia en una unidad superior, en una relación más alta que las que abarca y de la que las primeras son sólo momentos. Para Hegel existe una síntesis última, la síntesis de todas las síntesis, dentro de la cual todas las anteriores quedan contenidas como momentos parciales: la suprema síntesis, la totalidad sistemática de todo lo real, la totalidad o sistema de todo lo que es.

Desde está perspectiva la realidad puede ser comparable a un organismo donde nada se da aislado, sino donde todo termina por relacionarse consigo mismo: todo, en el fondo, se reduce a uno. Así la realidad es una sola: monismo.

Decimos pues que todo organismo es una totalidad de partes. de tal manera que pensamos dos tipos de totalidades: todos meramente sumativos, es decir, agregados de partes; y todos que se constituyen en una estructura, esto es, que cada parte separada es una parte esencial de la totalidad, de manera que cada parte desempeña un papel determinado que da sentido a la totalidad, y que a la vez, depende de la totalidad.

Los todos estructurales se pueden dividir en dos clases. Están los mecánicos o simplemente maquinas. Y los organismos.

Con los todos orgánicos lo que interesa primordialmente es la totalidad y no las partes. A diferencia de los todos mecánicos que las partes vienen a ser fundamentales para la constitución del todo. Así, se da el ejemplo de que, a partir del ovulo fecundado, el organismo vivo se forma así mismo a través de un proceso de autoparticularización, de autodivisión, de autodeterminación: un proceso que va de lo indeterminado y homogéneo (el ovulo fecundado) hasta el organismo adulto, plenamente determinado, articulado y diferenciado. Aquí las partes no preexisten al todo, sino que éste mismo es el que los produce, o, aun mejor dicho, se las autoproduce en su propio proceso de autodiferenciación; las relaciones no son “externas”, sino “internas”.

Mientras que para el substancialismo la realidad es concebida de manera atomista o corpuscular, entre cuyos integrantes no habría más que relaciones mecánicas, es decir, externas, de modo que la totalidad sería la suma o el agregado de sus distintas partes componentes, o bien un mecanismo de las mismas; Para Hegel, en cambio, la realidad es un sistema o totalidad de relaciones, formada no por partes-elementos, sino, al revés, en la cual lo primero es la totalidad y lo resultante las partes que surgen de la totalidad; donde ninguna cosa particular tiene existencia por separado sino en las relaciones con los demás y con la totalidad; donde, por tanto, las relaciones son “internas”: como un organismo, aunque no, naturalmente, viviente, biológico, sino de índole espiritual, un organismo de sentido.

en efecto, el organismo es una totalidad cada una de cuyas partes tiene existencia, no por separado, sino en sus relaciones con todas las demás y, en definitiva, con el conjunto; totalidad que se da forma así misma y desde sí misma, desde dentro, por así decirlo, por un proceso de autodiferenciación.

Así mismo, para Hegel, según le parece, sucede lo mismo con la totalidad de lo real: una parte aislada de la totalidad no es más que un producto muerto, como el cerebro en la mesa de un anatomista, por dar un ejemplo. Esto es algo “abstracto” en el lenguaje de Hegel; porque lo que el cerebro es en verdad, lo es solamente dentro de la totalidad de las relaciones con los demás órganos, miembros, etc. Es decir, cumpliendo su respectiva función dentro del organismo. Una cosa de por sí, es abstracta, y en ese sentido, no es verdadera. Lo abstracto (del latín abstrao = separar) es lo incompleto, unilateral, contradictorio, pues se aniquila a sí mismo, no es; en tanto que lo que en verdad es, es lo concreto (de concresco = crecer con).

Debemos tomar en cuanta que para Hegel, la “verdad” de algo, es decir, su realidad plena, lo que ese algo en realidad es, lo es sólo en su referencia a la totalidad, y así puede afirmar Hegel que “lo verdadero es el todo.” Podemos afirmar entonces que: la realidad es un organismo de relaciones dialécticas.

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Georg Wilhem Friedrich Hegel: Breve introducción.

Relacionismo

La dialéctica.


Referencia Bibliográfica

Resumen: CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004, pag. 296-297. (27/12/17)

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3 comentarios en “La realidad como totalidad orgánica.

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