La filosofía de la naturaleza.

La Idea en tanto Idea, no es más que “idealidad”, no es nada real sino algo abstracto que aún no alcanza  su existencia o realidad. La Idea no tiene realidad más que en el pensamiento de los hombres que la piensan. Así la Idea es algo abstracto, es el ser-en-sí, un reino de leyes, un mundo de formas sin entidad, […] y justamente por ello no es por sí ni puede serlo, sino sólo en identidad con la realidad del mundo”. La Idea también es de índole dialéctica, es la totalidad del pensamiento desplegado en toda su riqueza; y en tanto se trata de una totalidad dialéctica, requiere a su vez su total negación, de manera que por sí misma es insuficiente y exige su opuesto. En tanto la Idea a de conocerse a sí misma, también tendrá que ser objeto para sí misma, tendrá que objetivarse. Y como fuera de la Idea no hay nada, tiene que ser esta misma la que “produzca” la realidad, poniendo ante todo la naturaleza.

La Idea se nos presenta como un en-sí (potencialidad), es decir, como lo en-sí en general y absolutamente, como realidad, es decir, como afirmación o tesis universal que requiere su negación o antítesis.  La negatividad dialéctica de la Idea como en-sí genera directamente su antítesis como su ser-fuera-de-sí (Aussersichsein), como el pensamiento que se ha alineado a sí mismo. Para que la Idea tome realidad tiene que aparecer, y esto no lo puede hacer sino mediante lo otro, aquello que no es la Idea, a saber, en la naturaleza. Resulta entonces que la naturaleza no es sino la Idea que se ha puesto fuera-de-sí, “la Idea en la forma del ser-otro (Anderssein)” “la contradicción de la Idea”.

La naturaleza en su raíz es pensamiento, Idea, pero no lo “sabe”, su esencia le es ignorada, por así decirlo, a las piedras, plantas y animales, y sin embargo todos están sometidos a leyes, por tanto a algo que no es naturaleza, sino razón, pensamiento.

Lo característico de la naturaleza reside en el ser-fuera-de-sí, en la “exterioridad”. Aquel “fuera” indica que en la naturaleza cada cosa es exterior a otra, que este campo es el dominio del espacio, donde las manifestaciones tienen forma por su recíproco ser mutuamente externo, donde las cosas son exteriores las unas a las otras.

La naturaleza posee una serie dialéctica. La naturaleza recorre diversos momentos que se agrupan en tres grandes secciones: la mecánica, la física (físico-química) y la orgánica. La primera corresponde a las categorías de cantidad donde se estudia el espacio y su negación, que es el tiempo y el movimiento como síntesis de ambos; la física corresponde a las categorías de cualidad donde se estudian los elementos, la cohesión, el sonido, la luz, el calor, el quimismo, etc.; y por último la orgánica que se ocupa de los seres vivos.

Es recomendable comprender estos momentos como peldaños o grados, cada uno de los cuales suponen los anteriores. Citando a Hegel:

“La naturaleza ciertamente ha de considerarse como un sistema de grados, cada uno de los cuales proviene necesariamente de los anteriores (los géneros superiores de los inferiores), pero no como si uno fuese producido naturalmente de los otros, sino en la idea interior que constituye el fundamento de la naturaleza. La metamorfosis corresponde sólo al concepto como tal, pues la modificación de este solamente es desarrollo”

 

La filosofía del Espíritu

La Idea constituye el fondo y fuerza operante de la naturaleza porque la realidad tiene que responder a la organización dialéctica de la Idea. La Idea constituye el principio que le da unidad y estructura, realidad y movimiento.

Ya hemos mencionado que la realidad es en su manifestación más plena, espíritu, y que el espíritu es reflexión, retorno sobre sí mismo, conciencia. De manera que la Idea representa el en-sí y la naturaleza el fuera-de-sí, es decir, tesis y antítesis, se requiere ahora de una síntesis que será el retorno de la Idea sobre sí misma. De esta manera la Idea que se ha alineado con la naturaleza, tiene que iniciar su retorno hacia sí misma, hacia su interioridad misma. Y este retorno, que tiene lugar en el hombre, es lo que se denomina espíritu: el proceso de la Idea que se va encontrando a sí misma, la recuperación de la Idea.

El espíritu es “la Idea en acto (wirklichen) que se sabe a sí misma, […] el espíritu viviente que de modo necesario se diferencia a sí mismo y que retorna a la unidad consigo mismo a partir de sus diferenciaciones”. El espíritu no es “cosa, substancia, sino actividad, proceso, mejor dicho, “movimiento”, devenir. No es nada hecho ni nada uniforme sino que el espíritu es un proceso eterno de diferenciación, de auto-diferenciación.

Lo característico del espíritu se encuentra en la interioridad y en la libertad. “Todas las actividades del espíritu –dice Hegel- no son sino diferentes modos de reducción de lo externo a la interioridad que el espíritu mismo es, y sólo merced a esta reducción, merced a esta idealización o asimilación de los exterior, se transforma en espíritu y es espíritu”. En cuanto a la libertad el espíritu es libre porque no depende más que de sí mismo, porque únicamente depende de sí mismo y es independiente de todo lo otro.

Con el espíritu se llega entonces a la suprema forma de la realidad, de lo absoluto mismo en toda su plenitud: “Lo Absoluto es el espíritu: ésta es la suprema definición de lo absoluto”. Desde este punto de vista el espíritu puede identificarse con Dios y así resulta que la filosofía y la religión “tienen por objeto suyo la Verdad, y por cierto que en sentido supremo –en cuanto que Dios es la verdad y Él sólo es la verdad”.

Hemos dicho que el espíritu es interioridad y libertad, retorno sobre sí mismo y autosuficiencia pero esto lo es sólo según su concepto, es decir, en-sí , potencialmente –pero no lo es inmediato para sí , vale decir, en acto. Para llegar a ser (en acto) lo que es (en potencia), el espíritu tiene que hacerse así mismo. De manera que si el espíritu es Dios éste se tratara de un Dios in fieri, es decir, un Dios que tiene que hacerse así mismo lo que es –tal como una semilla tiene que hacerse árbol para alcanzar su propio desarrollo- por medio de la naturaleza, a través de los hombres, de la historia de los pueblos, de las distintas manifestaciones del arte, a través de las religiones, y, por último, de la historia de la filosofía.

Resulta pues que, a lo largo de su marcha, el espíritu tiene que recorrer diversas etapas, dependiendo el ritmo dialéctico puesto por la Idea. Estas etapas tienen tres grandes divisiones: el espíritu subjetivo, el espíritu objetivo y el espíritu absoluto.

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¡Interesante!

La realidad como totalidad orgánica.

Georg Wilhem Friedrich Hegel: Breve introducción.

El espíritu


Referencias.

CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004, pag. 300-302. (12/01/18)

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