Todas las formas de alienación dependen de una forma fundamental, la que tiene lugar en el trabajo. La alienación que ocurre respecto al trabajo deforma las relaciones sociales pues en ella las relaciones entre personas se vuelven relaciones entre cosas, en algo que ya no es propiamente humano, hay pues una reificación. El trabajo (la actividad propiamente humana) se convierte en un medio para producir mercancías hasta el punto en que ella misma se ofrece como una mercancía más. De manera que sí el trabajo es la esencia del hombre y el trabajo se oferta como una mercancía más, entonces el hombre se convierte también en mercancía (Ware)[1]. Se da pues un proceso de cosificación (Verdinglichung)[2] por la cual las relaciones entre los hombres sólo se entienden como relaciones de intercambio de mercancías –de cosas-. El hombre (el trabajador) ya no es verdaderamente humano sino tan sólo un medio para alcanzar un fin[3].

Marx expone tres formas de alienación como resultado de la alienación en el trabajo: la alienación política, la alienación religiosa y la alienación filosófica.

En la alienación política se da una separación entre la vida pública, la del ciudadano, la de los intereses generales, por un lado, y la vida del individuo, su trabajo y sus intereses privados, por el otro. Existe una contradicción entre Estado y Sociedad. El  Estado (la comunidad ilusoria) no concuerda con la realidad social; la sociedad está dividida en clases y el Estado es la expresión del  dominio de una determinada clase sobre las demás, a saber, de la clase que posee mayor poder económico[4].

En cuanto a la alienación religiosa, al igual que Feuerbach[5], Marx cree que la religión no es otra cosa más que la proyección de los ideales del hombre. Para Marx, la religión es la autoconciencia y autosentimiento del hombre que aún no se ha encontrado a sí mismo o ha vuelto a perderse. El hombre hace la religión y no la religión al hombre. El Estado y la sociedad al producir la religión crean una conciencia invertida del mundo, precisamente porque Estado y sociedad son un mundo invertido. El hombre no puede realizarse plenamente en la realidad concreta y en su lugar crea un mundo de fantasía, un “más allá” por la cual se ve desviado de su verdadera esencia, donde se refugia de su miseria real.

Por último está la alienación filosófica, esto es, Para Marx los filósofos han pretendido actuar sobre la realidad con tan sólo el pensamiento creyendo que el hombre es sólo conciencia, olvidando que el hombre real es ante todo praxis histórico-social. Marx ve en la praxis la superación de la filosofía teorética, siendo la teoría inmanente a la praxis y logrando así una síntesis entre materialismo e idealismo. Es en la práctica donde el pensamiento debe mostrarse como verdad, pues sólo en la realidad, en el mundo concreto del hombre (mundo histórico-social) puede demostrarse su poder de transformación[6].

alienated
Imagen tomada de la web.

Notas y Referencias

[1] Cfr. Ware.

[2] Verdinglichung: “Sust. Reificación lit. “convertir en” o “hacer cosa”

[3] Carpio,2004.

[4] ídem.

[5] Cfr. La esencia del cristianismo, Feuerbach, 1841.

[6] Carpio, 2004.

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