El espíritu absoluto

Con lo anterior (se recomienda leer las entradas anteriores) comprendemos ahora en qué consiste el desarrollo dialéctico: la totalidad misma de la realidad, el gigantesco y único organismo del universo se va autodiferenciando, hace surgir de sí y por sí diferencias, oposiciones , las cuales nunca desaparecen sino que resultan siempre integradas en momentos ulteriores que las conservan y superan.

El espíritu al volverse hacía si mismo se presenta como espíritu subjetivo (tesis) que a su vez crea un mundo humano objetivo (antítesis), pero el espíritu tiene que regresar hacia sí en un momento que supere a la vez a la subjetividad y a la objetividad, de tal manera que se da el espíritu absoluto (síntesis).

El espíritu absoluto es el espíritu consciente que se tiene por objeto a sí mismo en cuanto reconoce que todo objeto posible no es sino él mismo. Es el momento en que desaparece cualquier oposición entre subjetividad y objetividad –los cuales, puesto que se oponen, son infinitos- y el espíritu realiza su verdadera esencia, que es la infinitud. El espíritu absoluto es sujeto, pero no un sujeto que tenga un objeto diferente de sí mismo, porque si hubiera algo diferente, ese algo lo limitaría y entonces no sería infinito o absoluto. De manera que el espíritu absoluto es el momento del auto conocimiento de la totalidad, de lo Absoluto – el momento e que el espíritu reconoce que todo es en fondo sujeto, espíritu, y que lo finito y relativo sólo es el momento o aspecto parcial de lo infinito y Absoluto.

Se distinguen tres momentos en el desarrollo del espíritu absoluto: el arte, la religión y la filosofía. Los tres contienen lo mismo, lo Absoluto, pero su diferencia reside en el modo cómo el espíritu absoluto se manifiesta: en la intuición sensible, en la representación y en el pensamiento.

En cuanto al espíritu absoluto se lo identifica con Dios, el momento religioso ostenta cierto predominio, lo cual resalta el enfoque que hace Hegel del arte; pero como el espíritu absoluto sólo alcanza su perfección sabiéndose, i.e. pensándose –no representándose- en la filosofía, ésta ocupa el momento culminante y definitivo de todo desarrollo.

epíritu absoluto


 

referencias

CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004. (15/02/18)

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Hegel: La filosofía de la naturaleza y la filosofía del espíritu.

La filosofía de la naturaleza.

La Idea en tanto Idea, no es más que “idealidad”, no es nada real sino algo abstracto que aún no alcanza  su existencia o realidad. La Idea no tiene realidad más que en el pensamiento de los hombres que la piensan. Así la Idea es algo abstracto, es el ser-en-sí, un reino de leyes, un mundo de formas sin entidad, […] y justamente por ello no es por sí ni puede serlo, sino sólo en identidad con la realidad del mundo”. La Idea también es de índole dialéctica, es la totalidad del pensamiento desplegado en toda su riqueza; y en tanto se trata de una totalidad dialéctica, requiere a su vez su total negación, de manera que por sí misma es insuficiente y exige su opuesto. En tanto la Idea a de conocerse a sí misma, también tendrá que ser objeto para sí misma, tendrá que objetivarse. Y como fuera de la Idea no hay nada, tiene que ser esta misma la que “produzca” la realidad, poniendo ante todo la naturaleza.

La Idea se nos presenta como un en-sí (potencialidad), es decir, como lo en-sí en general y absolutamente, como realidad, es decir, como afirmación o tesis universal que requiere su negación o antítesis.  La negatividad dialéctica de la Idea como en-sí genera directamente su antítesis como su ser-fuera-de-sí (Aussersichsein), como el pensamiento que se ha alineado a sí mismo. Para que la Idea tome realidad tiene que aparecer, y esto no lo puede hacer sino mediante lo otro, aquello que no es la Idea, a saber, en la naturaleza. Resulta entonces que la naturaleza no es sino la Idea que se ha puesto fuera-de-sí, “la Idea en la forma del ser-otro (Anderssein)” “la contradicción de la Idea”.

La naturaleza en su raíz es pensamiento, Idea, pero no lo “sabe”, su esencia le es ignorada, por así decirlo, a las piedras, plantas y animales, y sin embargo todos están sometidos a leyes, por tanto a algo que no es naturaleza, sino razón, pensamiento.

Lo característico de la naturaleza reside en el ser-fuera-de-sí, en la “exterioridad”. Aquel “fuera” indica que en la naturaleza cada cosa es exterior a otra, que este campo es el dominio del espacio, donde las manifestaciones tienen forma por su recíproco ser mutuamente externo, donde las cosas son exteriores las unas a las otras.

La naturaleza posee una serie dialéctica. La naturaleza recorre diversos momentos que se agrupan en tres grandes secciones: la mecánica, la física (físico-química) y la orgánica. La primera corresponde a las categorías de cantidad donde se estudia el espacio y su negación, que es el tiempo y el movimiento como síntesis de ambos; la física corresponde a las categorías de cualidad donde se estudian los elementos, la cohesión, el sonido, la luz, el calor, el quimismo, etc.; y por último la orgánica que se ocupa de los seres vivos.

Es recomendable comprender estos momentos como peldaños o grados, cada uno de los cuales suponen los anteriores. Citando a Hegel:

“La naturaleza ciertamente ha de considerarse como un sistema de grados, cada uno de los cuales proviene necesariamente de los anteriores (los géneros superiores de los inferiores), pero no como si uno fuese producido naturalmente de los otros, sino en la idea interior que constituye el fundamento de la naturaleza. La metamorfosis corresponde sólo al concepto como tal, pues la modificación de este solamente es desarrollo”

 

La filosofía del Espíritu

La Idea constituye el fondo y fuerza operante de la naturaleza porque la realidad tiene que responder a la organización dialéctica de la Idea. La Idea constituye el principio que le da unidad y estructura, realidad y movimiento.

Ya hemos mencionado que la realidad es en su manifestación más plena, espíritu, y que el espíritu es reflexión, retorno sobre sí mismo, conciencia. De manera que la Idea representa el en-sí y la naturaleza el fuera-de-sí, es decir, tesis y antítesis, se requiere ahora de una síntesis que será el retorno de la Idea sobre sí misma. De esta manera la Idea que se ha alineado con la naturaleza, tiene que iniciar su retorno hacia sí misma, hacia su interioridad misma. Y este retorno, que tiene lugar en el hombre, es lo que se denomina espíritu: el proceso de la Idea que se va encontrando a sí misma, la recuperación de la Idea.

El espíritu es “la Idea en acto (wirklichen) que se sabe a sí misma, […] el espíritu viviente que de modo necesario se diferencia a sí mismo y que retorna a la unidad consigo mismo a partir de sus diferenciaciones”. El espíritu no es “cosa, substancia, sino actividad, proceso, mejor dicho, “movimiento”, devenir. No es nada hecho ni nada uniforme sino que el espíritu es un proceso eterno de diferenciación, de auto-diferenciación.

Lo característico del espíritu se encuentra en la interioridad y en la libertad. “Todas las actividades del espíritu –dice Hegel- no son sino diferentes modos de reducción de lo externo a la interioridad que el espíritu mismo es, y sólo merced a esta reducción, merced a esta idealización o asimilación de los exterior, se transforma en espíritu y es espíritu”. En cuanto a la libertad el espíritu es libre porque no depende más que de sí mismo, porque únicamente depende de sí mismo y es independiente de todo lo otro.

Con el espíritu se llega entonces a la suprema forma de la realidad, de lo absoluto mismo en toda su plenitud: “Lo Absoluto es el espíritu: ésta es la suprema definición de lo absoluto”. Desde este punto de vista el espíritu puede identificarse con Dios y así resulta que la filosofía y la religión “tienen por objeto suyo la Verdad, y por cierto que en sentido supremo –en cuanto que Dios es la verdad y Él sólo es la verdad”.

Hemos dicho que el espíritu es interioridad y libertad, retorno sobre sí mismo y autosuficiencia pero esto lo es sólo según su concepto, es decir, en-sí , potencialmente –pero no lo es inmediato para sí , vale decir, en acto. Para llegar a ser (en acto) lo que es (en potencia), el espíritu tiene que hacerse así mismo. De manera que si el espíritu es Dios éste se tratara de un Dios in fieri, es decir, un Dios que tiene que hacerse así mismo lo que es –tal como una semilla tiene que hacerse árbol para alcanzar su propio desarrollo- por medio de la naturaleza, a través de los hombres, de la historia de los pueblos, de las distintas manifestaciones del arte, a través de las religiones, y, por último, de la historia de la filosofía.

Resulta pues que, a lo largo de su marcha, el espíritu tiene que recorrer diversas etapas, dependiendo el ritmo dialéctico puesto por la Idea. Estas etapas tienen tres grandes divisiones: el espíritu subjetivo, el espíritu objetivo y el espíritu absoluto.

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¡Interesante!

La realidad como totalidad orgánica.

Georg Wilhem Friedrich Hegel: Breve introducción.

El espíritu


Referencias.

CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004, pag. 300-302. (12/01/18)

Contenido de la lógica // ser, esencia, concepto e Idea absoluta.

Después de haber estudiado el principio del movimiento dialéctico en la lógica, toca ahora turno de revisar el contenido de la lógica, esto con la finalidad de que se capte la riqueza de la Idea de absoluto en Hegel, así como de su explicación sobre el concepto en relación al ser.

La lógica se divide en lógica objetiva y lógica subjetiva. La primera se subdivide en doctrina del ser y doctrina de la esencia.

La doctrina del ser es una lógica de la mera descripción; sus categorías se refieren a la realidad como algo simplemente dado, inmediato, es decir, que se ofrece de modo directo.

La doctrina del ser responde a los dos primeros grupos de categorías kantianas, las llamadas categorías “matemáticas” (las de cantidad: unidad, pluralidad y totalidad; y las de la cualidad: realidad, negación y limitación). Hegel las divide en categorías de la cualidad, que abarcan el ser –que a su vez contienen al ser, la nada y el devenir- , el ser-determinado y el ser-para-sí; categorías de la cantidad y de la medida, con sus respectivas subdivisiones.

Lo propio del ser es que consiste en algo abstracto, parcial e incompleto; idéntico, homogéneo, sin distinción de partes en sí mismo y sin relaciones con nada más allá de sí, sin caracteres y aislado; por lo tanto, indeterminado. Es algo inmediato: simplemente dado, elemental, irrelacionado y no analizado, sin referencia ni a los elementos que lo constituyen ni al proceso por el cual se ha formado. Es lo en-sí: implícito, potencial.

Por su parte la lógica de la esencia es lógica de la explicación, e introduce una visión, por así decir, “doble” del mundo, de manera que la realidad se nos ofrece en dos planos, a saber, el fenoménico y el nouménico. Así por ello se trata aquí de categorías que marchan de a pares –como lo interno y lo externo, todo y parte, substancia y accidente, causa y efecto.

La verdad de la esencia “yace en la oposición, justamente, de las ideas de lo positivo y lo negativo que encuentra expresión universal en el hecho de que todo […] tiene su significado sólo en su conexión con lo que lo enfrenta como su otro”

Las categorías de le esencia responden a las llamadas categorías “dinámicas”( las de relación: substancia y accidente, causa y efecto y acción recíproca; y las de modalidad: posibilidad, existencia y necesidad). Hegel las divide en categorías de la esencia, del fenómeno y las de la realidad efectiva o actualidad (Wirklichkeit) (grupo este último en el que se encuentran substancialidad, causalidad y acción recíproca).

Para Hegel la esencia representa lo que algo es en cuanto está analizado y explicado, el momento en que se da la razón de ese algo y de tal modo el ser queda conectado con su fundamento: qué es, por qué es y de dónde procede. La esencia, enseña Hegel, es refleja, ya que no nos encontramos con algo simplemente dado, sino que algo se muestra bajo la luz reflejada por los elementos con que está relacionado. Por tanto, la esencia es mediata, mediatizada a través del proceso por el que la cosa llega a ser. Es pues, determinada, porque la cosa aparece con límites definidos que descubren sus diversas partes y relaciones. Pero es preciso quela cosa pueda “distinguirse”, esto es, negarse. La negación es el proceso por el cual se revelan las diferencias (diferenciación). La esencia representa el para-sí.

La lógica subjetiva encara la realidad en su verdadero aspecto, como un sujeto inteligente que se realiza a través de ellas: “…no como substancia, sino tanto e igualmente como sujeto. Puesto que la realidad en última instancia es vida espiritual, y lo propio del espíritu es obrar conforme a fines, proponerse metas y luego realizarlas, entonces en la doctrina del concepto –como también se llama la lógica subjetiva- lo que domina es justamente la categoría de finalidad.

Para Hegel el “concepto” (Begriff) representa el fundamento de todo lo que se manifiesta en la realidad, y a la vez su finalidad. El concepto señala el para-qué de cada cosa, expresa la finalidad, la razón sustentadora y creadora. La realidad, todo lo que es, se descubre, en su verdad última, como pensamiento: ese pensamiento que proyecta el proceso entero de la realidad y que es al a vez fuente dinámica y la realización completa del mismo.

El concepto abarca el conocimiento de lo inmediato –en tanto comprende el fin a realizarse- y el de lo mediato –en tanto conocimiento del proceso-. El concepto “posee al mismo tiempo la capacidad de originar y dirigir tal proceso”, de manera que es autoactividad, porque es el “principio racional que tiene la capacidad de determinarse a sí mismo –es decir, de tranformar lo indefinido e indeterminado [lo en-sí] en lo definido y determinado [para sí]

El concepto es autodiferenciación, autorrealización, “la capacidad de efectuar la transición de lo potencial a lo actual”. El movimiento dialéctico, que en la doctrina del ser se mostró como mera transición, y que en la lógica de la esencia era desdoblamiento, se manifiesta ahora, en su verdad última, como desarrollo, o, mejor, autodesarrollo. Es pues, el momento de lo en-y-para-sí: el concepto 2posee la fuerza y la capacidad autosuficiente para la actividad auto-determinada, una actitud que transmuta conscientemente su potencialidad en lo actual y real. Las categorías que aquí se encuentran son las de la subjetividad (concepto, juicio, silogismo), las de objetividad (mecanismo, quimismo y teleología), y las de la Idea (vida, idea del conocimiento e idea absoluta).

Tal como el devenir incluye al ser y la nada, la serie de categorías prosigue con categorías cada vez más ricas que las anteriores, hasta que nos encontramos con una noción absolutamente completa, más allá de la cual no se puede ir, porque es el sistema mismo de la totalidad de todas las determinaciones del pensar, como por ejemplo, el mundo inteligible de Platón, con todas sus Ideas abarcadas por la Idea del Bien. A esta última categoría Hegel la denomina Idea, o Idea absoluta. La Idea absoluta es, pues, para Hegel, el sistema orgánico de todas las determinaciones del pensar, de todas las categorías; la suprema síntesis, el verdadero universal que abarca todo lo demás, el universal concreto, y a la vez la actividad de efectuar esas determinaciones y llevarla a la existencia.

Se trata e un sistema de categorías bien organizado de manera que la Idea absoluta contiene dentro de sí, como autodiferenciaciones suyas, todas las anteriores. Puede decirse entonces que la Idea representa el sistema completo de todas las determinaciones posibles, pero sólo en cuanto posibles, es decir, en su idealidad: la Idea tomada por sí no es todavía nada real o efectivo, sino sólo la posibilidad de cualquier realidad, el esqueleto o armazón de cualquier realidad posible en cuanto posible. Hegel puede decir entonces, a manera teológica, que la idea es algo así como el conjunto de todas las ideas creadoras de Dios:

“es la exposición de Dios, tal como es en su ser eterno, antes de la creación de la naturaleza y de un espíritu finito”.

 

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Georg Wilhem Friedrich Hegel: Breve introducción.

Introducción a Immanuel Kant.


Referencias

CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004, pag. 300-302. (10/01/18)

El sistema hegeliano: el comienzo dialéctico.

Ya hemos hablado un poco sobre el sistema de Hegel en entradas anteriores, pero lo hemos hecho de manera un poco informal, en un lenguaje que no es el de Hegel. Por ésta razón nos propondremos ahora a exponer la manera en cómo Hegel expresa sus ideas.

Hegel expone su filosofía según tres caminos diferentes. El primero es un camino histórico: En sus lecciones sobre historia de la filosofía, muestra como ésta historia es ni más ni menos que la marcha hacia su propio sistema. En segundo lugar, la Fenomenología del espíritu obra pensada a modo de “introducción” al sistema, pone en evidencia cómo la conciencia, desde sus formas inferiores, casi puramente animales, termina por llegar al saber absoluto, a la filosofía absoluta. Por último, el sistema propiamente dicho lo ofrece la Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio, junto con las obras que la desarrollan en detalle: Ciencia de la lógica, Filosofía del derecho, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Lecciones sobre la estética, Lecciones sobre la filosofía de la religión, y las ya mencionadas Lecciones sobre la historia de la filosofía.

Hegel se propone en su sistema a reconstruir o exponer en el pensamiento toda la realidad; realidad que, en definitiva, como ya hemos visto, es pensamiento, espíritu, de manera que en última instancia vendrá a darse una completa coincidencia, entre el pensamiento que piensa la realidad, y la realidad que es pensamiento: el circulo que se anuda a sí mismo.

Si la realidad es en su raíz pensamiento, y al pensamiento total y sistemático lo llamamos Idea, el sistema se dividirá en tres partes principales -que constituyen un primer ejemplo de tríada dialéctica-: la lógica, que estudia la Idea en y para sí, “antes de manifestarse”; y luego la filosofía real, que comprende: la filosofía de la naturaleza, que considera la Idea en su ser-otro, es decir, hecha para sí misma, ignorada por sí misma; y la filosofía del espíritu, que se ocupa de la Idea que, desde su ser-otro en la naturaleza, regresa a sí.

La Lógica: el comienzo del movimiento dialéctico.

La lógica es el estudio de la idea. La idea la vamos a entender aquí como el constituyente esencial del conjunto de las condiciones de la realidad, es decir, el fondo o estructura principal que constituye la realidad. De esta manera la lógica va a partir de la noción más simple, más general, más indeterminada e inmediata posible. Claramente el concepto de ser (afirmación o tesis) es ésta noción más inmediata e indeterminada posible; pues es fácil notar que el Todo – cualquier cosa, cualquier entidad o cualquier cualidad, sea cual fuere,- “es”, es decir, todo participa del ser, de todo podemos predicar el ser, y parece que sin ser, nada sería.

Así, partiendo del ser en general, del ser puro, e indeterminado vamos a decir que el concepto de ser será la primera categoría o “determinación del pensar” (Denkbestimmug).

Ahora bien, el comienzo del movimiento dialéctico se trata del ser como la categoría más inmediata y determinada de todas; y del ser que no es más que ser, entonces, sin determinación alguna, no se puede decir nada, porque “no es en el fondo más que la forma vacía de la afirmación, una afirmación por la cual no se afirma nada”. Dice Hegel:

“Si se puede hablar aquí de una intuición, no hay en el ser nada que esta intuición pueda captar, o, si se quiere, el ser mismo no es más que ésta intuición pura y vacía. No hay tampoco nada en él que pueda ser objeto de un pensamiento, o, si se quiere, el mismo no es más que este pensamiento vacío. El ser inmediato, indeterminado, es en efecto la nada, ni más ni menos que la nada.”

Del ser no puede decirse nada, porque, al decir que el ser es esto o aquello entonces convertiríamos al ser en algo particular, en algo que es determinado por aquello que se ha predicado que es, mientras lo que se pretende captar es el ser en general, en toda su determinación. Por tanto se concluye que del ser no cabe decir nada. Sólo es ser en sí, ser puro.

Sin embargo, cuando hablamos del ser inmediatamente viene al pensamiento, otra categoría, necesariamente se nos aparece sus contrario, la nada (negación o antítesis). Cuando tratamos de captar al ser, éste se nos esfuma, se convierte en su contrario, la nada. Decimos, pues, que del propio ser surge, por necesidad dialéctica, lo contrario al ser, a saber, la nada. Esto expresa una necesidad de las “cosas” mismas, el comienzo del movimiento dialéctico y la primera oposición entre una tesis y una antítesis.

Siguiendo el hilo de lo antes dicho, entonces, el ser puro y la nada pura se identifican como lo mismo. Escribe Hegel:

“La nada es así la misma determinación, o mejor, la misma indeterminación, que el ser, de todos modos es la misma cosa.”

Considerados como opuestos absolutos, el ser y la nada son lo mismo. Sin embargo pareciera que estamos hablando de una identidad, pero si nos inclinaríamos a pensar ello estaríamos cayendo en un error puesto que se estaría suprimiendo aquello es propio o característico de la relación entre el ser y la nada, su contradicción.

Así, pues, la “verdad” del ser y de la nada, es decir, lo que “verdaderamente” son, no se encuentra en su identificación, sino que, siendo opuestos, son sin embargo inseparables:

“Siendo el ser y la nada absolutamente diferentes son sin embargo inseparables”

La “verdad” del ser y de la nada reside en su relación recíproca en el paso del ser a la nada y de la nada al ser, en el devenir, es decir, el “movimiento” que remite del uno al otro; entendiendo este devenir como la negación de la negación o síntesis.

El proceso dialéctico consiste entonces en demostrar cómo cada categoría es de por sí insuficiente y sólo logra su suficiencia gracias a otra categoría complementaria, la que a su vez adelanta una nueva carencia. La síntesis se convierte pronto en tesis para una nueva antítesis.

Cabe decir por último que las nociones aquí presentadas no son invento propio del filósofo Hegel, sino que surgen de manera necesaria como condiciones de las “cosas” mismas a las que responde al pensamiento, de tal manera que se trata de una lógica de la realidad misma.


dialectica hegeliana


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Referencias.

CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004, pag. 300-302. (05/01/18)

El espíritu

El ser es el proceso mismo de aparecer. Ahora bien, como todo aparecer es aparecer ante algo o alguien, y como no hay nada fuera del proceso del aparecer, puesto que este proceso es la totalidad misma de la realidad y toda la realidad se agota en este proceso, resulta que el aparecer no puede aparecer sino ante sí mismo, se trata de un proceso de automostración.

Pues bien, esto que tiene la propiedad de aparecer ante sí mismo, de ser a la vez sujeto y objeto para sí mismo, de reflexionar -todo esto no es sino lo que se llama conciencia, o, mejor, espíritu; con este término quiere señalarse lo propio de la vida humana en sus más variadas manifestaciones, la vida espiritual a diferencia de la puramente animal: los pensamientos, los actos de voluntad y los sentimientos propiamente humanos, el lenguaje, la vida social, el arte, la ciencia, las costumbres, la historia, etc. La conciencia, el espíritu, es justamente la única realidad que conozcamos que tiene la propiedad de volverse sobre sí misma, es decir, de re-flexionar, de aparecerse ante sí misma.

Kant puso de relieve la actividad o índole activa del espíritu, que el espíritu cognoscente es un conjunto de actos de síntesis, una serie de enlaces necesarios que el pensamiento ejecuta sobre el material sensible; y que, por otra parte, el espíritu práctico es actividad libre porque es capaz de determinarse por sí mismo, es decir, independientemente del devenir natural. Pero para Hegel resulta que todo aquel sistema de relaciones de que hemos hablado no es sino un sistema orgánico de relaciones que se aparecen al sistema mismo en tanto éste mismo las establece, las relaciones que el espíritu mismo constituye y que lo constituyen y que se da a sí mismo en autorelaciones o autodeterminaciones; es la libre actividad del espíritu mismo. Puede decirse que se trata de un sistema de categorías, si bien mucho más amplio, rico y complejo que el kantiano; sistema que, sin “material” “exterior” a que las categorías pudiesen aplicarse (como sucedía con las “impresiones” en el caso de Kant), se da a sí mismo su propio contenido, y cuyas relaciones son dialécticas.

Resulta entonces que la realidad, sistema cerrado de relaciones dialécticas de manifestación, es un sistema de auto-manifestación, el ser es aparecer-SE, es decir, es espíritu, pensamiento, vida espiritual. De esta manera la realidad en su conjunto puede pensarse como un proceso de retorno sobre sí mismo, en que el objeto determina por revelarse idéntico al sujeto, el ser como idéntico al pensar.

hegal espiritu


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Resumen: CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004, pag. 298-299. (28/12/17)

La realidad como totalidad orgánica.

Las cosa es en las relaciones que mantiene con lo que está fuera de ella, en relación con lo que no es la cosa misma. Esto, sin embargo, puede provocar una dispersión al infinito, pues lo que una cosa es lo es por medio de otra, y ambas por relación a una tercera, y luego a otra más, etc.

Pero Hegel evita este problema pues la síntesis contiene dentro de sí los momentos anteriores. Cada nuevo momento está lejos de significar una instancia que se agregue, de fuera, a las anteriores; sino que la síntesis está implícitamente -en sí, potencialmente- contenida va en ellos y en ellos e va desplegando. De modo que las relaciones son relaciones internas.

La oposición entre cosas diferentes se articula y concilia en una unidad superior, en una relación más alta que las que abarca y de la que las primeras son sólo momentos. Para Hegel existe una síntesis última, la síntesis de todas las síntesis, dentro de la cual todas las anteriores quedan contenidas como momentos parciales: la suprema síntesis, la totalidad sistemática de todo lo real, la totalidad o sistema de todo lo que es.

Desde está perspectiva la realidad puede ser comparable a un organismo donde nada se da aislado, sino donde todo termina por relacionarse consigo mismo: todo, en el fondo, se reduce a uno. Así la realidad es una sola: monismo.

Decimos pues que todo organismo es una totalidad de partes. de tal manera que pensamos dos tipos de totalidades: todos meramente sumativos, es decir, agregados de partes; y todos que se constituyen en una estructura, esto es, que cada parte separada es una parte esencial de la totalidad, de manera que cada parte desempeña un papel determinado que da sentido a la totalidad, y que a la vez, depende de la totalidad.

Los todos estructurales se pueden dividir en dos clases. Están los mecánicos o simplemente maquinas. Y los organismos.

Con los todos orgánicos lo que interesa primordialmente es la totalidad y no las partes. A diferencia de los todos mecánicos que las partes vienen a ser fundamentales para la constitución del todo. Así, se da el ejemplo de que, a partir del ovulo fecundado, el organismo vivo se forma así mismo a través de un proceso de autoparticularización, de autodivisión, de autodeterminación: un proceso que va de lo indeterminado y homogéneo (el ovulo fecundado) hasta el organismo adulto, plenamente determinado, articulado y diferenciado. Aquí las partes no preexisten al todo, sino que éste mismo es el que los produce, o, aun mejor dicho, se las autoproduce en su propio proceso de autodiferenciación; las relaciones no son “externas”, sino “internas”.

Mientras que para el substancialismo la realidad es concebida de manera atomista o corpuscular, entre cuyos integrantes no habría más que relaciones mecánicas, es decir, externas, de modo que la totalidad sería la suma o el agregado de sus distintas partes componentes, o bien un mecanismo de las mismas; Para Hegel, en cambio, la realidad es un sistema o totalidad de relaciones, formada no por partes-elementos, sino, al revés, en la cual lo primero es la totalidad y lo resultante las partes que surgen de la totalidad; donde ninguna cosa particular tiene existencia por separado sino en las relaciones con los demás y con la totalidad; donde, por tanto, las relaciones son “internas”: como un organismo, aunque no, naturalmente, viviente, biológico, sino de índole espiritual, un organismo de sentido.

en efecto, el organismo es una totalidad cada una de cuyas partes tiene existencia, no por separado, sino en sus relaciones con todas las demás y, en definitiva, con el conjunto; totalidad que se da forma así misma y desde sí misma, desde dentro, por así decirlo, por un proceso de autodiferenciación.

Así mismo, para Hegel, según le parece, sucede lo mismo con la totalidad de lo real: una parte aislada de la totalidad no es más que un producto muerto, como el cerebro en la mesa de un anatomista, por dar un ejemplo. Esto es algo “abstracto” en el lenguaje de Hegel; porque lo que el cerebro es en verdad, lo es solamente dentro de la totalidad de las relaciones con los demás órganos, miembros, etc. Es decir, cumpliendo su respectiva función dentro del organismo. Una cosa de por sí, es abstracta, y en ese sentido, no es verdadera. Lo abstracto (del latín abstrao = separar) es lo incompleto, unilateral, contradictorio, pues se aniquila a sí mismo, no es; en tanto que lo que en verdad es, es lo concreto (de concresco = crecer con).

Debemos tomar en cuanta que para Hegel, la “verdad” de algo, es decir, su realidad plena, lo que ese algo en realidad es, lo es sólo en su referencia a la totalidad, y así puede afirmar Hegel que “lo verdadero es el todo.” Podemos afirmar entonces que: la realidad es un organismo de relaciones dialécticas.

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La dialéctica.


Referencia Bibliográfica

Resumen: CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004, pag. 296-297. (27/12/17)

La dialéctica.

Todo es de índole relacional, ninguna realidad ni ningún pensamiento poseen sentido -esto es, realidad y verdad – sino por su relación con otras realidades o con otros pensamientos. Esto quiere decir que cualquier cosa o pensamiento, en cuanto se le considere por sí mismo, separado de sus relaciones, abstrayendo de éstas -esto es, de modo abstracto-, resulta contradictorio, puesto que termina por anularse a sí mismo. Cualquier cosa considerándose en sí misma, acaba aniquilándose: lo aislado es contradictorio y se anula a sí- mientas que en cambio cobra realidad y sentido en relación con los demás. De esta manera podemos decir que la cosa “es lo que es, en relación con lo que no es”, es decir, que la cosa es en tanto se niega a sí misma como algo aislado para constituirse en función con lo que ella no es, de las otras cosas. Algo es, -vale decir, se pone como realidad-en cuanto a la vez se o-pone a aquello que no es. A la oposición la llamamos tesis, entonces, la oposición será la anti-tesis. Ahora bien, la cosa no se suprime al negarse como algo independiente y ponerse en relación con otras cosas sino que por el contrario “se afirma y se realiza a través de una negación en una unidad superior de la que ella misma y su contraria no son más que los momentos”, esa unidad superior en que tesis y anti-tesis están puestas juntamente la llamamos síntesis.

Este especial tipo de relacionalidad es la relación dialéctica, constituida por tres momentos, la afirmación, la negación y la negación de la negación.

Lo lógico tiene 〈…〉tres lados: el abstracto o el propio entendimiento (Verständige), el dialéctico o racional-negativo, el especulativo o racional positivo.¹

El entendimiento procede mediante separación o análisis, y por ello su operación es abstracta, unilateral. La razón comienza por poner de relieve el momento negativo de aquello de que se trate, y Hegel lo llama “dialéctico” por cuanto lo que “mueve” es la “fuerza determinante de la negación” (bestimmende Kraft der Negation).

El tercer momento es el racional positivo, la negación de la negación, el momento especulativo. Hegel caracteriza el pensar especulativo -a diferencia del intelectual- como captación de los momentos opuestos en su unidad, como conocimiento mediante conceptos “concretos” por oposición a la reflexión, que procede por medio de conceptos abstractos. La especulación niega la independencia de los dos primeros momentos y a la vez los conserva e integra dentro de sí como instancia superior; niega la mera oposición en que aquellos se dan, porque tomados por sí solos no son más que la simple negación el uno del otro, en tanto que toman sentido en función de la negación de la negación, que los abarca y contiene como momentos o articulaciones suyas. Esta operación mediante la cual a los dos primeros momentos se los elimina en su independencia absoluta, y a la vez se los conserva en tanto momentos de la totalidad, la llama Hegel Aufhebung, termino que podemos traducir por “superación”.

La dialéctica entonces no es para Hegel un método, sino que constituye la estructura misma de la realidad, integrada por oposiciones, por contrastes, por tensiones entre opuestos; y de tal manera que por exigencia de la dialéctica misma, cada oposición requiere un tercer momento que establece la conciliación (Versönung) entre los dos opuestos. Ahora bien, como el conocimiento es un aspecto de la realidad, resulta que en consecuencia, secundariamente, la dialéctica es también un método, el método del conocimiento filosófico.

De manera que ahora puede formularse un segundo enunciado: la realidad es un conjunto de relaciones dialécticas.

DIALECTICA

Representación gráfica de la dialéctica.


Notas.

Hegel no utiliza las expresiones “tesis”, “antitesis” y “síntesis”, que sin embargo suelen emplear sus expositores.

¹Enzyclopädie der philosophischen Wissenschafften [Enciclopedia de la ciencias filosóficas]


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Referencia bibliográfica.

Resumen: CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004, pag. 294-295. (26/2/2017)