Relacionismo

Para dar comienzo al estudio del filósofo alemán G.W. F. Hegel partiremos hablando de su noción de relacionismo, así bien, en la serie filosófica sobre Hegel trataremos de establecer algunos de los rasgos más importantes de su pensamiento.

I. Relacionismo

Para el sentido común la realidad se ofrece como un conjunto de substancias o cosas en sí, cada una de las cuales con existencia independiente de la otra, es decir, es propiamente subsistente, se basta a sí misma. Ser substancia quiere decir bastarse a sí mismo. Y lo que no es substancia, sólo es en la substancia como modalidad suya, como modo de ser dependiente: la substancia es en sí, lo demás es en otro, a saber, en la substancia en que inhiere.

Hume sostuvo que carecemos de todo dato, sea empírico o racional, que certifique la existencia de “algo” en que se fundarían los accidentes afirmando que todo nuestro conocimiento se reduce a éstos y que es tan sólo la costumbre, el hábito lo que nos lleva a formar la noción de substancia o cosa. Para Kant la noción de sustancia no significaba más que una categoría, es decir, una ley de enlace entre nuestras representaciones, operada por el entendimiento- aunque admitía, más allá de las condiciones de nuestro conocimiento, la existencia de cosas en sí, como algo incognoscible y como un “ideal” (Idea) del conocimiento.

Hegel toma partida de estas dos dificultados que presentaron Hume y Kant respectivamente y parte de ellos para su empresa. Hegel además considera que la existencia de las cosas en sí o substancias tienen otro inconveniente: el de convertir el conocimiento en algo relativo. Y aunque Kant ya admitía esto afirmando que sólo podemos conocer lo que se nos “aparece” (fenómeno) en relación con las condiciones subjetivas (humanas) del conocimiento, no nada en absoluto.

Para Hegel admitir que hay algo en sí, pero no lo conocemos como tal, sino sólo como se nos muestra, significa a su juicio, convertir el conocimiento en algo relativo, en una palabra, en pura ilusión. La hipótesis de las cosas en sí o substancias es pues fatal para el conocimiento: en tanto que se mantenga la hipótesis, el conocimiento será forzosamente relativo. Esto último es para Hegel inaceptable: si un conocimiento es relativo, no es conocimiento en el sentido pleno de la palabra, sino simulacro de conocimiento; tal “conocimiento” relativo no puede ser la verdadera Ciencia, la filosofía.

Las dos dificultades planteadas antes por Hume y Kant llevan a Hegel a eliminar la hipótesis de que la realidad esté constituida por substancias, y por consiguiente eliminar la hipótesis Kantiana de las cosas en sí incognoscibles.

Hegel va a pensar la realidad como conjunto de relaciones, es decir, lo absoluto no son para Hegel las substancias, sino las relaciones, la relacionalidad. Según este punto de vista resulta que lo que se llaman “cosas” o “substancias” no tendrán realidad más que en sus relaciones recíprocas y por estas relaciones: el ser en-sí se disolverá en última instancia en el ser-en-relación-con. Hegel no sostiene que no haya substancias o cosas, sino que éstas sólo constituyen el aspecto inmediato y abstracto de algo que luego, considerado mediata y concretamente, en toda su realidad plena, se desplegará como una riquísima trama de relaciones.

Las cosas no tiene realidad más que en y por sus relaciones recíprocas. La cosa en sí, la substancia, “en el fondo es una noción ininteligible y absurda. Lejos, pues, de que las relaciones que las cosas mantienen con el espíritu que las piensa (y con las otras cosas en general) les sean accidentes y exteriores, son más bien lo que, en su conjunto sistemático, constituye la verdadera naturaleza de las cosas”. Con esto se llega a un primer enunciado fundamental para la filosofía hegeliana: la realidad no es una substancia ni un conjunto de substancias, sino un conjunto de relaciones, una complicadísima trama de referencias, de las que las llamadas “cosas” o substancias no son más que las intersecciones, por así decir.


friedrich-hegel-2


Te puede interesar:

El mundo de las substancias_Introducción a Aristóteles

El empirismo y Hume.

La revolución copernicana de Kant.


Referencias

 

CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004.

 

Anuncios

Kant: La Analítica de lo bello.

La “Crítica del Juicio” estético se subdivide en la “analítica del Juicio estético” -que a su vez comprende la “analítica de lo bello” y la “analítica de lo sublime”- y “Dialéctica del Juicio estético”. Ahora nos ocuparemos de la analítica de lo bello.

Es preciso aclarar que Kant concede mayor privilegio al a belleza natural que a la artística. En consecuencia, esto le da mayor relieve a su concepto de belleza pura. La belleza pura (sea de la naturaleza o del arte) “no presupone concepto alguno de lo que el objeto deba ser”, es la belleza que lo es “según la pura forma”, como ejemplo podemos dar las flores o la música. A tal belleza pura contrapone Kant la belleza adherente, como el retrato de un ser humano, la cual “presupone un concepto y la perfección del objeto según éste”.

El análisis de los juicios de gusto -es decir, la facultad de juzgar lo bello- pone el acento, no sobre las cosas mismas, sino sobre nuestros juicios acerca de la belleza (o fealdad) de nuestras representaciones. “Para decidir si algo es bello o no, referimos la representación, no mediante el entendimiento al objeto para conocerlo, sino, mediante la imaginación […], al sujeto y al sentimiento de placer o displacer del mismo. El juicio de gusto […] es estético, entendiendo por esto aquel cuyo fundamento de determinación no puede ser más que subjetivo“, pura complacencia (o disgusto) en la representación del objeto (no en éste). El fundamento de tales juicios, pues, reside en un sentimiento de satisfacción (Wohlgefallen) o de desagrado.

Kant distingue cuatro momento de tales juicios, para lo cual recurre a la cuádruple división de los juicios teóricos: cualidad, cantidad, relación y modalidad.

Lo bello, según la cualidad, es objeto de satisfacción desinteresada.

Lo bello refiere la representación tan sólo al sujeto y a su estado de agrado, sin designar nada en el objeto ni añadirle cosa alguna. Que algo se me presente como bello no señala ninguna propiedad del objeto, sino que place (gefallt) por la sola representación. Así podemos distinguir lo bello de lo agradable (das Angenehme), que es lo que place a “los sentidos en la sensación“, el mero placer sensible o sensual. También se distingue [lo bello] de lo bueno y de lo útil, el sujeto tiene interés en el objeto, en su existencia real, mientras que lo bello place por sus sola representación, independientemente de que el objeto al que se refiere exista efectivamente o no. En tanto que en los otros caso examinados (el conocimiento, la moral, etc.) es esencial el interés en la existencia del objeto, lo bello es tema de una satisfacción desinteresada. El placer estético, pues, es puramente contemplativo. En la actitud estética ocurre como si se viera el objeto por primera vez, desembarazados de la experiencias diaria y deformadora de las cosas y las contemplásemos ahora como con los ojos frescos. De modo que puede decirse que la actitud estética libera al objeto de cualquier objeto de dominio por parte de la voluntad, y simplemente deja ser a la cosa -lo bello entonces es objeto de satisfacción puramente contemplativa y libre, por no estar atado a ningún interés.

Según la cantidad, lo bello place universalmente.

Como lo bello place sin interés ninguno, será objeto se satisfacción universal. Cuando se afirma que gustibus non est disputandum (no hay que discutir en materia de gustos), se habla, en realidad, no del gusto estético, sino del gusto de los sentidos. Por ejemplo, habrá quien guste del sonido de los instrumentos de viento, mientras que otro preferirá el de los de cuerdas. Para Kant sería ridículo que alguien dijese que tal o cual cosa es bella “para mí”. Con todo derecho podría decir que a él le agrada, pero no debe llamarlo “bello” si sólo a él place, pues sólo la palabra “bello” implica la universalidad, lo que gusta en sí mismo, independientemente de las sensaciones placenteras o de lo bueno; “bello” ya de por sí hace referencia, no al gusto individual, sino al que exige la aprobación de los otros. El predicado “bello” sólo se enuncia bajo la suposición de que toda otra persona sentirá lo mismo, y por ello cada uno hablara “de lo bello como si la belleza fuera una cualidad del objeto”. Los juicios referentes a lo bello -a diferencia de los relativos a lo agradable- se enuncian pues con pretensión de validez universal.

Para Kant la universalidad estética es subjetiva y se apoya en el sentimiento. Sin embargo, que el juicio sea universal no significa que todo juicio sobre lo bello sea valido para todos y para cada caso particular del objeto bello y que todos coincidan con él; sino que se trata del principio universal del juicio de gusto: que ante lo bello todos debieran sentir el mismo placer (aunque de hecho pudiera ocurrir que no lo sientan). El placer de lo bello, como todo sentimiento, es algo mío en cuanto lo siento yo, algo que concierne al aspecto privado, personal e irrepetible de cada individuo.

Ya al decir que lo bello es objeto de placer desinteresado, se ha afirmado que se trata de algo universal y no depende de las particularidades de uno o varios individuos. Lo bello suscita una satisfacción libre que se funda en el sentimiento de placer. Como el sentimiento debe resultar de la estimación (Beurteilung), no ha de fundarse en ningún interés, sino en la mera contemplación en cuanto las facultades del espíritu “refieren a una representación dada al conocimiento en general”.

El conocimiento requiere “en general” la colaboración armónica de dos facultades: imaginación y entendimiento. La imaginación combina lo múltiple dado (por la sensibilidad); el segundo otorga la unidad (el concepto) con que se lleva a cabo la síntesis; el concepto determina, delimita, aquella multiplicidad, se la subordina: su función es la de establecer la regla (regula) con que se sintetiza. El entendimiento (la facultad de las reglas), regula, rige o determina el material enlazado por la imaginación.

Eso es lo que ocurre con el conocimiento, donde el entendimiento “determina” a la imaginación. Pero en el juicio estético no hay concepto. “Bello es lo que, sin concepto, place universalmente”. Ahora la relación entre imaginación y entendimiento, aunque armónica (en el caso de lo bello), tiene sentido diferente al que se da en el conocimiento, pues mientras allí el entendimiento (mediante el concepto) era lo determinante, ahora en cambio el entendimiento está “al servicio” de la imaginación.

A pesar de que en el sentimiento de la belleza no hay concepto, no obstante el objeto bello se nos ofrece con cierto orden y armonía, que en verdad escapan al concepto. Lo bello no es jamás caos o desorden, sino que en él se encuentra siempre cierta “regularidad” – que no atañe al entendimiento sino al acuerdo espontáneo entre imaginación y entendimiento.

El placer estético es, pues, la conciencia de esa armonía espontánea que el espíritu siente entre imaginación y entendimiento, entre la libre conformidad de ambas facultades. Y como en este caso el entendimiento carece de cualquier aspecto individual, sino que atañe solamente a aquello que todo sujeto posee en común – el espíritu y sus facultades universales-, se explica la universalidad del juicio estético.

La belleza, finalidad sin fin.

La belleza es “la forma de la finalidad de un objeto en cuanto es percibida en él sin representación de un fin, esto es, cuando el juicio de apreciación “está fundado en una finalidad meramente formal, es decir, en una finalidad sin fin”. La finalidad es la correspondencia de una cosa respecto al concepto que de éste se tiene la causa productora (por ejemplo, la finalidad de un reloj es la de marcar la hora); así, “finalidad sin fin” significará que algo es inteligible sin saber a que idea corresponde, significara que hay acuerdo entre la cosa y el entendimiento en general. Al referirse a la “forma”, se refiere Kant a lo puramente formal en la representación de la cosa, es decir, a “la concordancia de lo diverso con lo uno (sin determinar qué deba ser éste)”. En otras palabras, en el objeto que apreciamos como bello se nos representamos una armonía u orden interno que no se encuentra subordinado a ningún fin exterior.

Este tercer momento se desprende ya del carácter meramente contemplativo de los juicios estéticos, de que éstos son por entero independientes de cualquier interés en la existencia del objeto: el placer estético puro place en sí, fuera de cualquier otra consideración. Lo bello sólo lo es para ser contemplado, y por ello ocurre que sis e lo pone al servicio de un fin cualquiera -sea político, científico, pedagógico, etc- se desnaturaliza y el efecto estético puro desaparece. Aquello que satisface mediante concepto, no satisface de modo estéticamente puro. Las palabras ars gratia artis (“el arte por el arte”) sugieren una idea aproximada de la misma cuestión. Si la obra de arte delata su intención (su concepto) se esfuma el placer estético puro para reemplazarlo (total o parcialmente) por un interés. Sin duda la belleza tiene una finalidad (recuérdese que en ella participa el entendimiento), pero se trata de un concepto indeterminado. En cambio, cuando la obra de arte manifiesta su intención, al propio tiempo desaparece el placer (puramente) estético. Goethe observa: Man fühlt die Absicht, und man wird verstimmt (“se percibe la intención, y uno se siente contrariado). Lo bello ni siquiera tiene el propósito de placer, porque entonces no busca ser contemplado (como lo requiere la belleza) sino apetecido.

Lo bello es autosuficiente, se basta a sí mismo por la perfecta integración (armonía) de sus elementos. La finalidad estética, pues, es puramente formal. La expresión “pura forma”, es lo mismo que decir nuestra pura contemplación de la cosa.

Lo bello es objeto de satisfacción necesaria.

Desde el punto de vista de la modalidad, los juicios estéticos, puesto que valen universalmente, han de valer también necesariamente.

La necesidad de los juicios estéticos no es teórica ni práctica. No se trata de necesidad apodíctica, sino de necesidad ejemplar, esto es,

una necesidad de la aprobación de todos es un juicio considerado como un ejemplo de una regla universal que no se puede dar.

Es lo que sucede con todo gran obra de arte, la cual sirve de ejemplo, “de medida o regla de apreciación”, como de “una regla universal que no se puede dar” por ser indeterminada e indeterminable, pues carecen los juicios de gusto de principio determinado objetivo. Y no obstante, no carecen dichos juicios de todo principio, según ocurre con los del gusto sensible; a diferencia de éstos, los juicios estéticos tienen un principio subjetivo “por medio del sentimiento” con valor universal.

Tal principio lo llama Kant sentido común, con lo que no entiende la expresión en su sentido más usual (según el cual indicaría el entendimiento común a todos, que procede según conceptos (oscuramente representados). Lo que Kant denomina “sentido común” procede según sentimiento: del libre juego de imaginación y entendimiento resulta como efecto el sentido común, tan sólo suponiendo el cual son posibles los juicios de gusto. Si no se hace tal suposición, se cae sin remedio en el escepticismo (tan fatal en estética como en la teoría del conocimiento o la moral). Cuando se formula un juicio que afirma que algo es bello, y negamos la opinión contraria, nuestro juicio lo fundamos “en nuestro sentimiento, que pone a su base, no como sentimiento privado, sino como uno común”, suponemos que la representación del caso no le resulta placentera a un solo sujeto, sino que se trata de un estado de espíritu necesario común a todos.

 

kan lo bello


Te puede interesar: 

El principio trascendental del Juicio.

Mecanismo y sistema. El sentimiento de placer.

La noción de la finalidad.


Referencias.

CARPIO, Adolfo P. “Principios de filosofía, una introducción a su problemática”. Glauco, Buenos Aires, 2004.

Crítica del juicio: trad. de M. García Morente, Madrid, V. Suaréz, 1913.

La noción de la finalidad.

La naturaleza como sistema lógico parece dispuesta para que la podamos conocer, parece tener la finalidad de responder a nuestra necesidad de conocerla.

Para precisar la noción de fin pondremos un ejemplo. Supóngase que a una persona le cae una piedra en la cabeza, y lo hiere mortalmente. La piedra ha caído al desprenderse de la pared a que se encontraba adherida, por la simple acción mecánica de fuerzas físicas. El efecto (la muerte de la persona), fuera de ser un hecho accidental, es posterior a la causa (la caída de la piedra). La relación entre causa y efecto es la de causa eficiente.

Pero supongamos ahora que el desprendimiento de la piedra sea un hecho, no accidental, sino deliberadamente provocado por otro hombre con el propósito o fin de dar muerte al primero. En este caso la caída de la piedra responde (no a causas puramente mecánicas, sino) a una intención. Y en la intención o propósito el efecto precede a la causa: el segundo personaje se ha formado una representación (un “plan” o “proyecto”) previa al hecho, a lo que intentaba hacer.

Según esto, se puede comprender que Kant diga que el fin es “el concepto [o representación] de un objeto en cuanto él al mismo tiempo contiene el fundamento de la realidad de este objeto”

FINALIDAD_AETERNA_IMAGE.png


Notas y referencias.

El termino alemán Zweck (fin o propósito) tiene sentido más amplio que el que evoca la palabra en español; así zweckmássig, significa “final” (en el sentido de los que responde a una finalidad) y a la vez “armónico”, “orgánico”. Zweckmässigkeit (finalidad) es el  sustantivo abstracto que reúne todos los matices.

  • Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

 

 

Mecanismo y sistema. El sentimiento de placer.

Sobre la Crítica del juicio puede decirse que enfoca la naturaleza, no como máquina, sino más bien como un gigantesco organismo. Según el entendimiento, entonces, la naturaleza constituye un agregado de partes conectadas según causas eficientes y por tanto necesarias (determinismo). En cambio, en la Crítica del juicio se representa la naturaleza, según la presunción del Juicio reflexionante, como sistema, es decir, como un todo de partes determinadas por un concepto universal; enfoca la naturaleza como sistema lógico.

La idea de sistema es un concepto propio de la razón -no del entendimiento ni del Juicio-; pero en tanto la razón intenta emplearlo objetivamente, aplicándola a objetos trascendentes , el Juicio le otorga tan sólo empleo inmanente, no objetivo, como principio referido a conceptos empíricos y únicamente como apreciación subjetiva al servicio de nuestra capacidad de conocer; se trata de un principio que el Juicio se da a sí mismo para poder investigar la naturaleza.

El sistema lógico que conjeturamos que hay entre la multiplicidad de las leyes particulares tiene que considerarse, desde el punto de vista del entendimiento, como contingente; y, no obstante, es preciso juzgarlo como indispensable en cuanto dirigido a nuestro conocimiento: “como finalidad mediante la cual la naturaleza concuerda con nuestra intención, dirigida empero sólo al conocimiento”. A esta necesidad de sistema en lo particular de la naturaleza -necesidad puramente subjetiva- la naturaleza parecería responder favorablemente.

Así bien, el propósito de todo logro va enlazado con el sentimiento de placer (Lust). Y como la condición del propósito es en este caso el Juicio reflexionante -que es fundamento a priori y válido para todos los hombres- resulta que “también el sentimiento de placer estará determinado por un fundamento a priori y es valedero para cada cual”.

Si en cambio no encontramos tal sentimiento en el hecho de que los fenómenos de la naturaleza sean conformes a los Principios del entendimiento, ello se debe a que estas leyes generales de la naturaleza no son más que la objetivación, digamos, de esas leyes, su funcionamiento mismo. Pero en cambio “la posibilidad descubierta de unir dos o más leyes empíricas y heterogéneas bajo un principio que las comprende a ambas” precisamente por la incertidumbre en el éxito, “es el fundamento de un placer muy notable, a menudo hasta de admiración, incluso de una tal admiración que no cesa aunque ya se esté bastante familiarizado con el objeto de la misma”. Ocurre sin embargo que la costumbre ha hecho que demos por obvia la unidad de la naturaleza y la división “en especies y géneros, por la cual tan sólo son posibles los conceptos empíricos que nos sirven para conocerla según sus leyes particulares”, de manera que ya no se experimenta en ello placer ninguno. Pero no hay duda de que tal placer “ha existido seguramente en el tiempo”. “En cambio nos desagradaría por completo una representación de la naturaleza mediante la cual se nos dijera de ante mano que en la investigación más mínima, por encima de la experiencia más vulgar, nos hemos de tropezar con una heterogeneidad  de sus leyes que hiciera imposible para nuestro entendimiento la unión de sus leyes particulares bajo otras generales”.

7c4f2-71hzha3pywl-_sl1500_


Notas y referencias.

Principios de filosofía (Adolfo P. Carpio)

Crítica del Juicio (Kant)

Recapitulación de estudio, segunda parte: De las operaciones mentales.

 

48830-gaius-fabricius-luscinus-koenig-pyrrhos-i-_1

Al igual que el post anterior en esta ocasión vamos a repasar la segunda parte de nuestro estudio de Lógica sobre las operaciones mentales antes de adentrarnos en la tercera parte que serán las nociones de la lógica simbólica. Este post será una guía de repaso para reafirmar los conocimientos obtenidos.

La segunda parte de nuestro estudio de Lógica abarca las operaciones mentales: desde el estudio de los elementos del conocimiento hasta el silogismo.

Segunda parte: Las operaciones mentales.

1- Los elementos del conocimiento: el sujeto, el objeto, la representación y la operación.

2- Representaciones sensibles e intelectuales. (Lógica del conocimiento).

3- Pensamientos, operaciones y expresiones. (Lógica del Conocimiento)

4-La simple aprehensión: El proceso mental.

5-La naturaleza del concepto.

6-Ley de la extensión y comprehensión de las ideas.

7-División de las ideas por su origen.

8-División de las ideas por su extensión y por su comprehensión.

9-División de las ideas por su perfección subjetiva y por sus relaciones mutuas.

10-La definición.

11-El término

12-El juicio.

13-División del juicio.

14-La Oposición.

15-Los pensamientos no-enunciativos.

16-Los primeros principios.

17-El raciocinio.

18-El silogismo.

Resumen:

En principio empezamos a reflexionar sobre el fenómeno humano llamado conocimiento. Para ello tuvimos que saber distinguir entre los cuatro elementos que lo constituyen: el sujeto, el objeto, la operación y la representación.

Estudiamos lo que son las representaciones sensibles e intelectuales y también distinguimos entre los tres tipos de pensamientos, las tres operaciones mentales y las tres expresiones.

Aprendimos lo que es la simple aprehensión, su proceso mental y su contenido captado. Así mismo revelamos la naturaleza del concepto y la ley de la extensión y la comprehensión mediante el ejemplo del árbol de Porfirio.

Posteriormente nos adentramos al mundo de las ideas y las dividimos por su origen, por su extensión, por su comprehensión, por su perfección subjetiva y por sus relaciones mutuas.

De igual manera aprendimos lo qué es la definición, la división, el término y el juicio. Vimos también las divisiones del juicio y como funciona la oposición.

En la recta final de nuestro estudio analizamos lo qué son los primeros principios, fundamentales para entrar al terreno del raciocinio. Después trabajamos con el raciocinio psicológico y el raciocinio lógico. Finalmente terminamos con el silogismo que es un modo típico de raciocinio deductivo.

La guía proporcionada anteriormente sirve para comprender la tercera parte de nuestro estudio que será sobre las nociones de la lógica simbólica. En el siguiente post trataremos de explicar qué es la lógica tradicional, la lógica en la filosofía moderna y los orígenes de la lógica simbólica.

Esperamos que los siguientes post sean de su agrado y que inviten a más personas a unirse a este fascinante mundo del pensamiento. Muchísimas gracias.

División de las ideas por su origen.

origen-de-la-via-lactea

En este post y los dos próximos vamos a hablar sobre la división de las ideas. Además de proporcionar una nomenclatura usual en el estudio de la Filosofía, facilita, igualmente, la mejor comprensión de lo que es la idea, al revisar las distintas clases que de ellas poseemos en nuestra mente. Dado su carácter fundamental para el entendimiento de nuestra materia, vamos a dividir la explicación en tres post. En los siguientes posts vamos a continuar con lo que es la división de las ideas que son: por su origen, por su extensión, por su comprehensión, por su perfección subjetiva y por sus relaciones mutuas. Por ahora, vamos a enfocarnos en la división de las ideas por su origen.

División de las ideas por su origen.

En cuanto al modo que tenemos para adquirir las ideas, podemos clasificarlas en estos cinco grupos:

Innatas. Son aquéllas que, supuestamente, traemos en la mente desde el nacimiento. La Psicología sostiene actualmente que no hay ideas innatas. sin embargo, no faltaron autores de prestigio (Platón, Descartes, Leibniz) que defendieron su existencia.

Directas. Son aquellas que se extraen (abstraen) por el procedimiento ordinario que es la simple aprehensión. Casi toda la totalidad de nuestras ideas son directas.

Indirectas. Son ideas que se obtienen a partir de ideas directas, y su contenido ya no existe en la realidad extramental, sino que se refiere exclusivamente a los pensamientos primeramente obtenidos. Por ejemplo, predicado, premisa, conclusión.

Discursivas. Son las ideas que se obtienen con base en profundizaciones o raciocinios sobre los pensamientos directos. Tales son, por ejemplo, la idea de Dios, de virtud, inteligencia, alma, etc. Nótese que estas ideas, al revés de las indirectas, sí tienen un contenido extramental y real.

Sin embargo, las ideas discursivas no se extraen directamente de la realidad, pues, aunque corresponden a la realidad, no hay ningún dato sensible que corresponda a ellas. La mente las elabora como consecuencia de ciertos hechos que ha palpado en la realidad. No podemos ver la inteligencia: pero sí sus efectos; no podemos ver a Dios, pero si su creación: no palpamos la virtud, pero sí distintos hombres virtuosos; tampoco palpamos el alma, pero se infiere su existencia a partir de sus obras. Es importante advertir que la filosofía y a veces también la ciencia, se mueve en esta linea: formula conceptos que tienen base en la realidad, pero sólo los capta de un modo derivado, no como un dato intuitivo directo. La noción de ser esta en este caso. Sólo por retrospección sobre el ente se capta el ser. La Metafísica se basa en que nuestro saber directo o temático contiene implicitos otros conocimientos (atemáticos). La noción del ser es atemática e implícita en todo el ente.

Arbitrarias. Son lasque elaboramos sobre la base de combinaciones de contenidos: pero sin ninguna implicación necesaria. Por ejemplo: pegaso, nada, círculo, cuadrado. Resultan, por tanto, ficticias, a veces carentes de sentido, y, en ocasiones, sin aplicación a la realidad. Sin embargo, en algunas ocasiones podrían encerrar algún elemento valioso ( por ejemplo, los artefactos inventados pueden encerrar utilidad, belleza, originalidad). Los artistas, en repetidas ocasiones manejan este tipo de ideas (por ejemplo: en las fábulas, en las novelas de ficción, en la pintura surrealista, etcétera).

Estos son los cinco grupos en que adquirimos las ideas por su origen. Como mencioné en el principio del post, en el siguiente vamos a continuar con la división de la ideas: por su extensión y por su comprehensión.

Notas y referencias.

Lógica Conceptos fundamentales (Raúl Gutiérrez Sáenz)

La simple aprehensión: El proceso mental.

 

avian by ascending.png

A pesar que este tema es propio de la Psicología, es conveniente explicar el procedimiento mental que da lugar a las ideas.

El proceso mental.

El sujeto cognoscente, después de captar un objeto por medio de las facultades sensibles, penetra con inteligencia hasta un plano más profundo del mismo objeto y descubre allí un contenido inteligible, una estructura necesaria, un sentido del objeto. Coinside esto con lo que generalmente se llama entender. Por ejemplo: una persona que observa a un niño llorar de repente, y dice: “no entiendo por que llora”. Es que no ha descubierto el sentido, lo que hay por de bajo de ese lloriqueo.  Llegar hasta el significado (más o menos profundo) o la estructura esencial y necesaria de un objeto que primero se ha presentado a los sentidos, es realizar esta operación mental llamada simple aprehensión.

Ésta es la función más propia de la inteligencia porque, en efecto, se trata de captar o leer por dentro (intus-légere) en el mismo objeto ya conocido por los sentidos. La simple aprensión consiste en el paso de la imagen a la idea. No quedarse en la contemplación de la imagen sensible, sino tratar de descubrir el fondo en ella; eso es aprehender o abstraer.

El contenido captado.

La inteligencia del sujeto esta buscando algo en el fondo del objeto. Entender significa captar algo necesario, una estructura necesaria, algo que se da de tal manera que, si faltara, el otro objeto sería muy diferente. Por esto, el objeto de la inteligencia también se llama esencia (o, en latin, quidditas).

Definición de la simple aprehensión.

Con las explicaciones previas podemos dar ya una definición de la primera operación mental: consiste en “captar mentalmente un dato inteligible”, o también: la simple aprehensión es la operación mental por la cual un sujeto capta un elemento necesario del objeto, es decir, una idea. Y, por último, también se puede decir que la primera operación mental es el paso de la imagen a la idea.

La palabra aprehender nos esta indicando que se trata de una captura, de un acto de captar, pero por supuesto, en un acto mental. La palabra simple del nombre que lleva tradicionalmente esta operación nos indica que se trata de una operación no sencilla, sino realizada en un solo acto, sin partes. Es decir, o se capta algo o no se capta.

La simple aprehensión es, pues, lo mismo que concebir una idea (o conceptuar). De la palabra concebir surge el derivado concepto. El producto de esta concepción es, pues, la idea o concepto.

Diferencia entre intuir e imaginar.

La imaginación capta y reproduce lo que los sentidos nos proporcionan en su contacto directo con el mundo concreto. Son datos llenos de colorido e individualidad. Pero la inteligencia se mueve en otro plano diferente, a pesar de que se trata de los mismos objetos materiales.

Hay, pues, una diferencia entre las dos operaciones. Para poder captar el contenido intelectual, se necesita de una base material a partir de la cual es posible extraer su sentido o contenido inteligible. Aristóteles lo ha dicho con una fórmula inmortal: “Nada está en la inteligencia que primero no haya pasado por los sentidos.”

Intuir es captar algo universal y necesario: imaginar es captar algo singular y contingente. A partir de este nexo necesario, es como se deriva la universalidad del concepto, como veremos en el siguiente post.

Preparación para el juicio.

Esta primera operación, en realidad, no suele darse aislada, sino como paso previo para el juicio, que es la operación natural de la mente. La simple aprehensión es como un medio paso que pide completarse con algo más para llegar a una situación de equilibrio. En efecto, la mente, al afirmar (o negar) una relación entre dos conceptos u sintetizarlos en la realidad, es cuando llega a posesionarse de la verdad, que es su objetivo.

Además ( según la doctrina Tomista), el ente está compuesto de esencia y de existencia. La primera operación mental capta la esencia y sólo el juicio se refiere a la existencia. Por tanto, el conocimiento completo de un ente sólo tiene lugar cuando se realiza la segunda operación mental.

Notas y referencias.

Lógica Conceptos fundamentales (Raúl Gutiérrez Sáenz)

El orden de los conceptos (J. Maritain)

Siete lecciones sobre el ser y los primeros principios de la razón especulativa. (J. Maritain)

Connaissance de létre, traité d’ontologie (J. de Finance)